PSG avanza a semifinales tras sufrir en Anfield
En una noche de viento, lluvia y nervios en Anfield, Paris Saint-Germain no jugó un partido brillante. Jugó un partido adulto. Y en la Champions League, a estas alturas, eso suele bastar.
Con el 2-0 de la ida en el bolsillo, el vigente campeón llegó a Liverpool sabiendo exactamente a qué venía: a sobrevivir. Lo dijo Ousmane Dembélé sin rodeos en Canal Plus: cuartos de final, un estadio así, ninguna ventaja es cómoda. Y el partido le dio la razón.
Sufrir en Anfield, ganar la eliminatoria
PSG pasó largos tramos del segundo tiempo metido muy atrás, empujado por un Liverpool desatado que acumuló 21 remates en una noche áspera, mojada, de esas que en este estadio se convierten en tormenta perfecta. El campeón, sin embargo, aguantó.
La primera parte tuvo otro tono. Dembélé lo resumió con naturalidad: PSG se sintió dueño del juego antes del descanso, con el balón lejos de su portería y el plan de Luis Enrique funcionando en campo rival. Control, pausa, madurez. Lo difícil llegó después.
Tras el descanso, Anfield apretó, Liverpool aceleró y el partido se jugó casi exclusivamente en la mitad parisina. Ahí apareció la otra cara de este PSG: un equipo capaz de sufrir sin balón, de correr hacia atrás, de resistir oleadas y esperar su momento. Luis Enrique lo había anticipado: iban a padecer, pero confiaban en encontrar espacios a la contra.
La presión inglesa parecía no tener fin. Hasta que el talento rompió el guion.
Dembélé, el golpe definitivo
Minuto 72. Después de tanto resistir, PSG encontró aire. Y lo encontró en las botas de su estrella. Dembélé abrió el marcador y silenció a un estadio que llevaba rato oliendo la remontada. Un gol que no solo tumbó el ímpetu de Liverpool; certificó la sensación de que el campeón sabe vivir al límite y salir ileso.
Ya en el tiempo añadido, el francés remató la noche con su segundo tanto, cerrando el 2-0 y la clasificación a semifinales con un global impecable: dos victorias en dos partidos ante un gigante europeo. Sin alardes, sin fuegos artificiales, pero con una contundencia que pesa.
El doblete deja a Dembélé en 16 goles esta temporada en todas las competiciones, 12 de ellos en 2026, después de haberse perdido buena parte del primer tramo del curso por lesión. A los 28 años, el Balón de Oro vigente se mueve como líder total: marca, asiste, presiona, manda. Él mismo lo explicó: quiere ayudar de cualquier forma, desde el gol hasta la presión al portero. Y se nota.
Su mensaje tras el partido fue claro: dar el máximo por Paris Saint-Germain y firmar un final de temporada “muy, muy bueno”, con los grandes partidos que se avecinan. No suena a tópico; su nivel actual respalda cada palabra.
El sello de Luis Enrique
Desde la llegada de Luis Enrique en 2023, PSG se ha instalado en la zona noble de la Champions. Tres semifinales consecutivas, cuando antes de su etapa solo había alcanzado esa ronda tres veces en toda su historia. No es una casualidad, es una tendencia.
El técnico español se declaró “muy orgulloso”, sobre todo por lo visto en la primera parte: su equipo mandando en campo contrario, en un escenario donde muy pocos se atreven a hacerlo. No es fácil someter a Liverpool en su propio estadio, con ese ruido, con ese clima, con esa urgencia. PSG lo hizo durante 45 minutos.
Luego tocó la otra cara. Sufrir, correr detrás del balón, cerrar espacios, aguantar centros y remates. Luis Enrique lo asumió como parte del plan: sin balón también había que competir. Y su equipo respondió. El propio entrenador lo explicó con sencillez: sabían que, tarde o temprano, tendrían opciones al contraataque y que las aprovecharían. A la vista de la eliminatoria completa, la sensación es que el pase es merecido.
Lesiones y lo que viene
No todo fueron buenas noticias. Nuno Mendes y Desire Doue tuvieron que abandonar el campo lesionados, dos golpes que en una temporada tan cargada pueden tener peso. Luis Enrique fue prudente: no es médico, recordó, y prefirió esperar a las pruebas del día siguiente para conocer el alcance real de los problemas físicos. En un duelo de tanta intensidad, dijo, es normal que aparezcan contratiempos.
El calendario, sin embargo, no espera. En semifinales, PSG se medirá a Real Madrid o Bayern Munich. Ida en París el 28 de abril, vuelta una semana después. Dos noches grandes más para un equipo que ya se mueve con naturalidad en estas alturas de la competición.
PSG no deslumbró en Anfield. Hizo algo más valioso en primavera europea: ganó una eliminatoria grande, supo sufrir y dejó la sensación de que se siente cómodo caminando por el filo. Si mantiene ese pulso competitivo, la pregunta ya no es si puede volver a la final. Es quién será capaz de bajarle el ritmo al campeón.




