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PSG y Arsenal se enfrentan en la final de la Champions League

El sábado, el fútbol europeo se detiene en Budapest. El Puskas Arena será el escenario donde Paris Saint-Germain y Arsenal se disputen la UEFA Champions League, a partir de las 18:00 hora local (17:00 GMT). Un campeón que defiende corona frente a un aspirante que nunca ha tocado el trofeo. Dos clubes que, durante décadas, miraron esta competición desde abajo y que hoy se sientan en la mesa grande.

No es el duelo clásico de siempre. No están ni Real Madrid ni Barcelona ni Bayern. Pero llegan los campeones de Ligue 1 y Premier League, los reyes de dos de las ligas más exigentes del planeta. PSG ha ganado 12 de los últimos 14 títulos en Francia. Arsenal acaba de romper una espera de 22 años para volver a coronarse en Inglaterra, tras tres subcampeonatos seguidos que parecían condenarle a vivir siempre a un paso.

Budapest no enfrenta solo a dos equipos en forma. Enfrenta dos proyectos que han aprendido a ganar de maneras muy distintas.

El camino del campeón: PSG a golpes de goleada

PSG aterriza en la final como vigente campeón de Europa. Pero su defensa del título no fue un paseo. Ni mucho menos.

En la nueva League Phase de 36 equipos, los parisinos terminaron en el puesto 11. Fuera de los puestos de clasificación directa para octavos, tres escalones por detrás de Manchester City. Las derrotas ante Barcelona y Bayern Munich abrieron dudas sobre la consistencia del campeón. Aun así, dejaron un aviso brutal: un 7-2 a domicilio contra Bayer Leverkusen en Alemania, un marcador que sonó más a declaración de poder que a simple victoria.

Obligado a pasar por los playoffs, PSG sufrió. Eliminó a Monaco por un ajustado 5-4 en el global. Después, desató su versión más despiadada: 8-2 en el agregado frente a Chelsea y 4-0 ante Liverpool en semifinales, dos exhibiciones que recordaron a toda Europa que este equipo, cuando huele sangre, no perdona.

La penúltima parada fue una especie de revancha íntima contra Bayern Munich. En París, un 5-4 eléctrico, de los que se recuerdan años después. En Múnich, un 1-1 tenso, sin brillo pero con oficio, suficiente para sellar el billete a Budapest. El campeón sufría, pero avanzaba. Y eso, en esta competición, vale tanto como una goleada.

Arsenal, invicto y hambriento

Al otro lado del cuadro, Arsenal ha firmado una campaña europea casi impecable. Llega a la final sin conocer la derrota en toda la Champions.

En la League Phase fue una apisonadora: ocho victorias en ocho partidos, 24 goles a favor y solo cuatro en contra. Un equipo que no solo ganaba, sino que controlaba los partidos con una autoridad que hacía tiempo no se veía en el norte de Londres.

La fase de eliminatorias cambió el tono. Menos fuegos artificiales, más resistencia. Bayer Leverkusen cayó 3-1 en el global en octavos. En cuartos y semifinales, Sporting Lisbon y Atletico Madrid exigieron al máximo a los de Mikel Arteta, que avanzaron por márgenes mínimos de un gol. Nada sobró. Nada se regaló.

Arsenal llega invicto, sí, pero también probado. Ha aprendido a sufrir sin perder su identidad. Y sabe que enfrente tendrá al mismo rival que lo echó de la Champions hace apenas un año.

Fantasma reciente: la herida de la temporada pasada

La final de Budapest tiene un sabor a revancha que en Londres nadie esconde. La temporada pasada, PSG cortó el sueño europeo de Arsenal en semifinales.

En el Emirates Stadium, Ousmane Dembele silenció el ambiente con un gol en el minuto cuatro. En la vuelta, en París, Fabian Ruiz y Achraf Hakimi sentenciaron la eliminatoria. Bukayo Saka maquilló el resultado, pero el 3-1 global dejó claro quién mandaba en aquel cruce.

El único consuelo para Arsenal llegó en la League Phase de esa misma edición: un 2-0 en casa ante PSG, con goles de Kai Havertz y Saka, pese a que los franceses dominaron la posesión (65 por ciento) y remataron más. Una victoria que dejó la sensación de que los ingleses podían competir de tú a tú, aunque la Champions terminara diciendo lo contrario.

PSG, de perseguir estrellas a crear héroes

La historia reciente de PSG en la Champions cambió para siempre la temporada pasada. En Múnich, en el Allianz Arena, el club levantó por fin la orejona al aplastar 5-0 a Inter Milan. Desire Doue, entonces con 19 años, firmó un doblete y se adueñó de la noche. Tras años de proyectos construidos a base de nombres rutilantes como Lionel Messi o Kylian Mbappe, fue un joven francés quien puso el broche a la obsesión europea del club.

Hasta entonces, PSG solo había pisado una final, en 2019, perdida 1-0 ante Bayern Munich. El título frente a Inter lo convirtió en el segundo club francés en ganar la Champions, después del Olympique de Marseille en 1993. Budapest le ofrece ahora algo todavía más exclusivo: un doblete consecutivo.

La temporada doméstica refuerza su candidatura. Otro título de Ligue 1, el quinto consecutivo, aunque Lens alargó la pelea hasta las dos últimas jornadas. PSG se coronó matemáticamente con un 2-1 en el campo de Lens, gracias a los goles de Khvicha Kvaratskhelia e Ibrahim Mbaye. Cerró el curso con una derrota 2-1 ante Paris FC, una molestia simbólica por tratarse del derbi de la capital y por haber sido el mismo Paris FC quien lo dejó fuera de la Copa de Francia en enero, frustrando el sueño del triplete.

Aun así, el equipo de la capital llega a Budapest con la liga en el bolsillo, la experiencia de campeón y una plantilla acostumbrada a vivir en la presión constante.

Arsenal rompe su maldición doméstica y mira más alto

En Inglaterra, el relato ha sido distinto, pero igual de intenso. Arsenal tuvo que esperar hasta la penúltima jornada para proclamarse campeón, pero nadie en el club se quejó del suspense. Habían pasado 22 años desde la última Premier League. La forma importaba poco. Importaba, sobre todo, el final.

El equipo de Arteta llegó a tener una ventaja amplia en la cima, pero Manchester City reaccionó como casi siempre. Le arrebató momentáneamente el liderato en las últimas semanas y pareció dispuesto a repetir el guion de las últimas temporadas. Sin embargo, dos empates de City, ante Everton y Bournemouth, abrieron una puerta que Arsenal no desaprovechó. Volvió a “disparar a todo gas” y cerró el campeonato por delante de su gran verdugo reciente.

El título supo a revancha doble: por la hegemonía de City en la liga y por la derrota ante los de Guardiola en la final de la League Cup. El sueño del triplete se esfumó en cuartos de final de copa, con una sorprendente eliminación a manos de Southampton, pero el premio de la Premier y esta final de Champions dibujan una temporada que ya es histórica… y que puede convertirse en legendaria.

Historia en juego: uno por el segundo, otro por el primero

PSG llega con una Champions en sus vitrinas. Arsenal, con las manos vacías en este capítulo. El contraste es brutal.

Para los franceses, el título del año pasado rompió un muro psicológico. Durante años, el club se estrelló en cuartos, en octavos, en noches que parecían malditas. Ahora, ya sabe lo que es ganar y quiere repetir. Para los ingleses, esta será solo su segunda final. La primera, en 2006, terminó con un 2-1 para Barcelona.

El peso histórico también se cuela en el contexto nacional. Los equipos ingleses suman 15 Champions: seis de Liverpool, tres de Manchester United, más las conquistas de otros clubes. Francia, en cambio, solo ha celebrado dos títulos: el de Marseille en 1993 y el de PSG el año pasado. Arsenal quiere unirse a la lista de campeones ingleses. PSG quiere seguir ampliando el palmarés francés desde una posición de nuevo rico que ya se ha ganado respeto.

En el cara a cara directo, el equilibrio es total. Será el octavo enfrentamiento entre ambos. Cada uno ha ganado dos, con el resto de partidos saldados en empate. El primer duelo se remonta a la vieja Recopa de Europa. Arsenal se clasificó entonces con un 2-1 global: 1-0 en Londres, gol de Kevin Campbell, y 1-1 en París, con tantos de Ian Wright para los ingleses y David Ginola para PSG. Desde entonces, la historia ha cambiado, pero el equilibrio persiste.

Las dudas y las piezas clave de PSG

La actualidad en París mira al parte médico con algo de inquietud. Ousmane Dembele, reciente ganador del Balón de Oro, fue sustituido en el último partido de liga por un problema en la pantorrilla. Era uno de los pocos titulares que no habían sido rotados antes de la final. Su presencia en Budapest es una de las grandes incógnitas del once.

Achraf Hakimi y Lucas Chevalier también arrastran molestias y están en duda. En cambio, Nuno Mendes apunta a estar disponible pese a un golpe reciente. Si todo va según lo previsto, el equipo podría presentar una estructura reconocible:

Safonov; Zaire-Emery, Marquinhos, Pacho, Mendes; Neves, Vitinha, Ruiz; Doue, Dembele, Kvaratskhelia.

Un bloque que mezcla la jerarquía de Marquinhos con la energía de Zaire-Emery, la finura de Vitinha y la irrupción decisiva de Doue y Kvaratskhelia. Un once con gol, velocidad y, sobre todo, memoria de campeón.

Las bajas que condicionan a Arsenal

En Londres, los problemas se concentran en la defensa. Jurrien Timber seguirá fuera por una lesión en la ingle que le ha tenido apartado las últimas ocho semanas. Ben White también se perderá la final por lesión, un golpe importante para un equipo que ha encontrado en su solidez defensiva una de las bases de su resurrección.

Noni Madueke arrastra una dolencia en el isquiotibial, pero no se espera que le impida estar disponible. Aun así, todo apunta a que Bukayo Saka será el elegido para ocupar la banda, una batalla que el inglés parece tener ganada por jerarquía y rendimiento.

El once previsto de Arsenal dibuja un equipo reconocible y agresivo:

Raya; Mosquera, Saliba, Gabriel, Hincapie; Lewis-Skelly, Rice; Saka, Odegaard, Trossard; Gyokeres.

Un guardameta que domina el juego con los pies, una pareja central sólida, un mediocentro como Rice que marca el ritmo y un tridente creativo con Odegaard, Trossard y Saka al servicio del olfato de Gyokeres. No es un equipo que se esconda. Es un equipo que intenta mandar.

Budapest, punto de cruce

PSG llega como campeón y como símbolo de la nueva aristocracia del fútbol europeo. Arsenal llega como el club que se ha reconstruido desde la paciencia, la idea y la insistencia. Ambos han sido campeones en casa. Ambos han sufrido en Europa. Ambos se han cruzado en el camino recientemente, con heridas abiertas y pequeñas venganzas.

El Puskas Arena verá cómo uno repite y consolida una era… o cómo el otro inaugura la suya con el título que siempre se le negó. La pregunta ya no es quién lo merece más. La pregunta es quién será capaz de soportar el peso de esta noche sin que le tiemble el pulso cuando la Champions esté, por fin, al alcance de la mano.