logo

Problemas en la defensa de Liverpool: La urgencia de fichar centrales

El futuro está fichado. El presente, no tanto.

En noviembre, en el Mundial sub-17 de Qatar, el departamento de scouting de Liverpool se enamoró de dos centrales: Mor Talla Ndiaye, de Senegal, e Ifeanyi Ndukwe, de Austria. En cuestión de semanas, el club desembolsó unos 3,5 millones de libras por ambos. Bajo la batuta de Matt Newberry, jefe de captación global, el mensaje era claro: planificación a largo plazo, talento asegurado para los próximos años.

Nadie en Anfield imaginaba que esos mismos adolescentes iban a sostener el centro de la defensa en buena parte del primer amistoso de pretemporada.

Una alarma temprana

Ante Sunderland, la previsión saltó por los aires en el minuto ocho. Joe Gomez, referencia polivalente y veterano de este vestuario, se marchó lesionado. Sin Jeremy Jacquet ni Giovanni Leoni disponibles por problemas físicos, Andoni Iraola se quedó sin red en la posición más delicada del campo.

De repente, el plan de futuro se convirtió en parche de urgencia.

Liverpool tiene un problema en el corazón de su zaga. Mirar al horizonte está bien, pero la temporada se acerca y las soluciones que faltan son para hoy.

Iraola ya había avisado antes del contratiempo de Gomez: la plantilla está “muy corta” atrás. El defensa inglés ni siquiera se entrenó en la sesión de Chicago del domingo y el club espera esta semana el parte definitivo sobre el alcance de su lesión.

Los números de Gomez impresionan… por el motivo equivocado. Es el jugador con más antigüedad en la plantilla actual, pero desde que llegó desde Charlton en 2015 se ha perdido 225 partidos por lesión, según datos de Transfermarkt. Demasiados golpes para un futbolista que debía ser pilar y ha vivido demasiadas veces en la enfermería.

Van Dijk, solo ante el peligro

Ahora mismo, Virgil van Dijk es el único central senior disponible. Capitán, 35 años, todos los minutos de la pasada Premier League a sus espaldas. Un líder, sí, pero ya no el coloso de antaño. El tiempo pasa también para él.

Para complicar más el escenario, tanto Van Dijk como Gomez entran en su último año de contrato. No es descabellado pensar que el próximo verano ambos podrían salir de Anfield. La transición, si no se gestiona con cuidado, puede convertirse en vacío.

En ese contexto se entiende mejor una decisión arriesgada: dejar marchar gratis a Ibrahima Konaté rumbo a Real Madrid. En Liverpool confiaban en que Jacquet, de 21 años, y Leoni, de 19, fichados por 60 y 26 millones de libras respectivamente, eran los dos mejores centrales jóvenes de Francia e Italia.

Quizá lo demuestren pronto. Jacquet apunta a debutar el domingo ante Leeds. El club les dará minutos, margen y responsabilidad. Pero hoy, como Ndiaye y Ndukwe, están lejos de ser productos terminados. Tienen condiciones, no todavía jerarquía.

La voz de la experiencia

Robbie Fowler, leyenda del club con 183 goles, no se anduvo con rodeos en declaraciones a BBC Sport desde Nueva York, donde los reds se miden a Wrexham el miércoles.

“Necesitamos jugadores. Es bastante obvio”, sentenció. Y dejó un mensaje humano sobre Gomez: “Estoy muy triste por Joe, ha tenido muchísima mala suerte con las lesiones. Esta podía ser una gran oportunidad para consolidarse y demostrar que no hacía falta otro central”.

Fowler apuntó a la importancia del escalón veterano: “Hemos gastado dinero en Jacquet y Leoni y la guía que Joe y Virgil pueden darles a los jóvenes es clave. No veremos todavía la mejor versión de los chavales, pero necesitas esa experiencia en la plantilla”.

Su conclusión va en la misma línea que las sensaciones de Iraola: “El entrenador ya ha dicho que necesitamos jugadores y no me sorprendería que otro central estuviera en esa conversación”.

Fichajes, cláusulas y límites

Desde fuera, la operación fallida por Marc Guehi el verano pasado cobra ahora otro color. Liverpool también se guardó una cláusula de recompra por Jarell Quansah, traspasado a Bayer Leverkusen por 35 millones de libras en julio. De momento, no hay intención de activarla.

El mercado, además, no es un terreno sin fronteras. Si el club consigue cerrar a Bradley Barcola, valorado por Paris St-Germain por encima de los 100 millones de libras, el margen para seguir fichando se estrechará. Las llegadas de Jacquet y Victor Munoz ya han supuesto 94,5 millones combinados.

Sin grandes ventas a la vista en la plantilla de Iraola, en Anfield asumen que este verano no se parecerá al anterior, cuando el gasto se disparó hasta un récord de 450 millones. La chequera no va a tapar todos los agujeros.

Fowler lo resumió con crudeza competitiva: en la última década, el once titular ha sido “más que capaz”, pero la eterna discusión ha estado en la profundidad de la plantilla. “Creo mucho en tener una plantilla fuerte porque levanta a todos y mantiene a la gente alerta, sabiendo que si no rindes, otro puede hacer el trabajo”.

El exdelantero recordó los tiempos de Phil Neal: nadie quería lesionarse porque sabía que, si otro entraba y rendía, podía no recuperar su puesto. “Necesitas esa mentalidad, y eso tiene un efecto directo en los estándares”.

Un vivero de centrales… sin oficio

En solo seis meses, desde el verano pasado hasta enero de 2026, Liverpool cerró acuerdos por cinco centrales de 20 años o menos: Leoni, Ndiaye, Ndukwe, Noah Adekoya y Jacquet. Un aluvión de promesas para blindar la posición a medio plazo.

El caso de Ndukwe es ilustrativo. Firmó un buen partido ante Sunderland, dejó detalles de personalidad y temple, pero está obligado a salir cedido este año porque todavía no cumple los requisitos para obtener permiso de trabajo en Reino Unido. Ni siquiera ese talento emergente podrá servir como solución inmediata.

El mensaje es evidente: el potencial a largo plazo en el eje de la defensa no preocupa en Anfield. Lo que falta es otra cosa.

Lo que escasea, y se nota en cada decisión, es la experiencia. Ese tipo de central que manda, corrige, calma y sostiene cuando el equipo tiembla. Ese perfil que hoy Liverpool busca a contrarreloj mientras la temporada se acerca y la realidad, más que el futuro, llama a la puerta.