Pirlo se retira de la selección de Italia: crisis entre política y fútbol
Pirlo se cae de la carrera por Italia: la selección atrapada entre política, apuestas y guerra
Andrea Pirlo ya no será seleccionador de Italia. Y no ha sido por una cuestión táctica ni deportiva, sino por un contrato de patrocinio que ha acabado convertido en tormenta política.
El propio Pirlo lo confirmó en Instagram. “Anoche supe que ya no soy el candidato para el puesto de seleccionador de Italia”, escribió el excentrocampista de la Azzurra, que veía cómo su nombre se descolgaba de la lista por la presión creciente alrededor de su acuerdo con Fonbet, una casa de apuestas rusa.
Un patrocinio que se convierte en problema de Estado
El vínculo de Pirlo con Fonbet, para el que actuaba como embajador, ha sido el detonante. Varios políticos italianos cuestionaron que el seleccionador nacional pudiera estar asociado a una empresa rusa en pleno apoyo oficial de Italia a Ucrania en la guerra contra Rusia. La figura del técnico de la Nazionale, sostienen, no puede chocar con la línea política del país.
Pirlo había intentado desactivar la polémica. Explicó que el acuerdo estaba ligado a su trabajo en Emiratos Árabes Unidos y que se trataba “exclusivamente de fines comerciales y deportivos”. Y lanzó un mensaje directo: atribuir un significado político a esa colaboración, dijo, supone adjudicarle convicciones que nunca ha expresado y que “no le pertenecen”.
No bastó.
Maldini le apoyaba, la política no
En el plano estrictamente futbolístico, Pirlo sí tenía un respaldo de peso. Paolo Maldini, recién nombrado director técnico de la federación italiana (FIGC), veía en él el hombre para iniciar un nuevo ciclo tras el adiós de Gennaro Gattuso, que dejó el cargo en abril después de que Italia encadenara su tercer Mundial consecutivo sin clasificarse.
La FIGC había mirado más alto al principio. Antes de llamar a Pirlo, el organismo tanteó a sus dos grandes sueños imposibles: Pep Guardiola y Carlo Ancelotti. Ninguno llegó. El plan B pasaba por Pirlo, dispuesto incluso a abandonar su actual puesto en el banquillo de Dubai United para asumir el reto de la selección.
Pero la política entró en juego con fuerza.
Pina Picierno, vicepresidenta del Parlamento Europeo, fue una de las voces más duras. En redes sociales cargó contra la posible elección de Pirlo: “Tras otra derrota y otro Mundial perdido, el fútbol italiano necesitaba desesperadamente una revolución cultural, ética y de gestión. La elección de Andrea Pirlo va exactamente en la dirección opuesta”.
Ignazio La Russa, presidente del Senado y figura destacada en el partido de la primera ministra Giorgia Meloni, tampoco escondió sus reservas. En declaraciones a la agencia Ansa, lanzó una frase que pesó como una losa: “Dios nos ayude. Por supuesto que soy tifoso de Italia y Pirlo fue un gran campeón, pero como entrenador es un salto en la oscuridad”.
Carlo Calenda, líder del partido Azione, fue aún más tajante: “Quien es o ha sido promotor de Rusia después de 2022 no debería ocupar cargos nacionales”. El mensaje no dejaba margen para interpretaciones.
Italia, sin seleccionador y sin rumbo claro
Entre las dudas sobre su experiencia en los banquillos y el ruido político por su relación con Fonbet, la candidatura de Pirlo terminó dinamitada. El anuncio en redes sociales del exjugador no fue una sorpresa para quienes seguían el pulso en Roma, pero sí un síntoma claro de la fragilidad institucional del fútbol italiano.
La Azzurra sigue sin seleccionador fijo y con una herida abierta: tres Mundiales seguidos sin estar en el mayor escaparate del fútbol. Una anomalía histórica que exige decisiones firmes y un proyecto reconocible. De momento, lo que hay es un vacío.
Con Pirlo fuera de la ecuación, el debate vuelve a los viejos conocidos. Los nombres de Roberto Mancini y Antonio Conte reaparecen con fuerza en las conversaciones sobre el banquillo nacional. Dos técnicos que ya han pasado por la selección, dos estilos muy distintos, dos caminos que remiten al pasado para intentar rescatar el futuro.
La pregunta es otra: después de este episodio, ¿podrá la FIGC elegir a su próximo seleccionador pensando solo en el campo y no en el Parlamento?



