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Omar Marmoush y el golpe inmediato en el Tottenham

Omar Marmoush aún no ha pisado el césped con la camiseta del Tottenham y ya se habla de un “golpe inmediato”. El mismo tipo de drama que, según algunos titulares, Carlos Baleba logró “superar” antes de fichar por el Manchester United.

Nada de eso tiene demasiado sentido. Nada en absoluto.

El “sorteo pesadilla” que todos parecen tener

“Arsenal sufre un sorteo de Champions de pesadilla”.

“Man City, sorteo de pesadilla; Arsenal, grupo complicado; Man United se reencuentra con viejos enemigos”.

“Un superordenador vaticina un sorteo de horror para Man Utd”.

La letanía es la misma en varios medios británicos. Pero la realidad es bastante más sencilla: en la Champions League ya casi no quedan rivales cómodos. A estas alturas, hablar de “pesadilla” para prácticamente cada equipo roza la caricatura.

El supuesto horror del nuevo formato para el United

Ese “horror” que se le atribuye al Manchester United en la nueva fase de liga de la Champions se resume en una predicción: terminar noveno.

Según los cálculos de Football Ranked, el equipo de Michael Carrick se quedaría “agonizantemente” fuera del top 8. Traducido al nuevo formato: sería el mejor clasificado entre los que van al play-off de acceso a octavos, enfrentándose al peor de los no cabezas de serie.

Un drama, dicen. En la práctica, una situación incómoda, sí, pero muy lejos del apocalipsis que se intenta vender.

Liverpool, del sigilo a la chapuza… ¿o no tanto?

Jeremy Cross, en el Daily Mirror, sostiene que Liverpool pasó de ser un club quirúrgico en el mercado a otro más dentro del grupo de los “farsantes” al nivel del United. La tesis general tiene recorrido. El problema llega con los ejemplos.

“Liverpool hacía sus operaciones con sigilo implacable. Objetivos grandes, bajo el radar hasta que el acuerdo estaba casi cerrado. Pasó con Virgil Van Dijk, Alexis Mac Allister, Alisson, Luis Díaz…”.

Ahí se cae el relato. El caso Van Dijk es precisamente el contrario: Southampton denunció a Liverpool a la Premier League por un acercamiento ilegal y el club de Anfield terminó pidiendo disculpas públicamente por su intento fallido. Ni sigilo, ni radar, ni operación limpia. Más bien un sonoro tropezón.

El enredo Barcola

La cosa se tuerce aún más cuando se habla de Bradley Barcola.

“Liverpool negocia con PSG por Barcola, una operación cercana al precio pagado por Isak. En circunstancias normales, la afición estaría eufórica. El problema es que Liverpool ha recurrido a Barcola por desesperación a menos de una semana del cierre de mercado, tras retirarse de la puja por Yankuba Minteh”.

La palabra clave ahí es “desesperación”. Y no encaja. Liverpool lleva todo el verano detrás de Barcola. Lo que sí encaja es otra palabra: “120 millones”. Cerrar un fichaje de ese tamaño rara vez es rápido o sencillo.

Jeremy Cross lo sabe bien: ya se vio obligado a hacer auténticos malabares para seguir el culebrón del fichaje de Elliot Anderson.

El número maldito

Mientras tanto, otros medios se centran en un detalle mínimo elevado a categoría de drama: el dorsal.

“Bradley Barcola llevará un número inédito y extraño en Liverpool”.

“Barcola podrá cumplir su sueño con el dorsal ideal tras el acuerdo con PSG”.

El mismo tema, dos enfoques opuestos. Para uno, el número es “bizarro”. Para otro, es “soñado”. Todo por un simple dígito en la espalda.

Marmoush y el “golpe inmediato” en el Tottenham

Y ahí entra Omar Marmoush.

“Omar Marmoush sufrirá un golpe inmediato en el Tottenham tras el acuerdo de 60 millones del City”, se lee en el Daily Express. Un titular que recuerda mucho al que se usó con Carlos Baleba cuando se acercaba al Manchester United.

¿El golpe? Nada que ver con lesiones, adaptación o competencia interna. Es el dorsal.

“Su llegada al Tottenham le dará la oportunidad de jugar más, tras solo ocho titularidades de Premier con el City. Pero no todo será ideal en la capital. Tendrá que elegir un número distinto, porque su querido 7 ya lo lleva Xavi Simons”.

Ese es el “golpe”. No poder seguir usando el 7. Como si fuera motivo suficiente para plantearse volver a Manchester City, renunciar a minutos y quedarse con el número intacto. El fútbol reducido a una etiqueta en la espalda.

Ronaldo, el mercado y una comparación que no cuadra

En otro frente, Samuel Luckhurst señala un problema real en el Manchester United: todavía no ha vendido ni a un solo jugador del primer equipo este verano. El club está muy por detrás de otros gigantes europeos en la gestión de salidas.

Pero el cierre de su argumento patina:

“Hasta uno de los más grandes, Cristiano Ronaldo, se quemó con su asociación con United. Cuando Ronaldo presentó su ‘divorcio’ en la entrevista con Piers Morgan en noviembre de 2022, Morgan le dijo: ‘Si fuera solo por dinero, estarías en Arabia Saudí’. Arabia fue el único lugar que le ofreció casa. Ni siquiera él atrajo compradores al puesto de United”.

La realidad es más cruda y menos romántica. Ronaldo no generó ofertas porque se comportó como un veterano de 37 años, egocéntrico y con un salario desorbitado que ya no se correspondía con su rendimiento. No fue un problema exclusivo del United, ni una señal de que el club no pueda vender a “ni siquiera” una superestrella.

Fue, sobre todo, la consecuencia lógica de un perfil que el mercado ya no estaba dispuesto a sostener. Y esa historia dice mucho más de la industria actual que de la capacidad del club para colocar a perfiles como Joshua Zirkzee.