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Odegaard lidera al Arsenal hacia el éxito tras la Community Shield

Martin Odegaard se deslizó entre líneas, apareció solo, sentó a Gianluigi Donnarumma con una frialdad insultante y cerró el partido. Minuto 47 de la Community Shield, apenas arrancada la segunda parte en Cardiff, y el capitán del Arsenal firmaba el 3-0 que acabaría siendo definitivo ante Manchester City. El resto fue trámite. El trofeo, otra vez, en sus manos.

Es “solo” la Community Shield, sí. Y la estadística se ha convertido casi en superstición: ningún ganador del torneo ha levantado después la Premier League desde la temporada 2018/19. Pero lo que mostró Odegaard en Gales va bastante más allá de un título de agosto. Apunta a algo mucho más serio para el curso que arranca.

De campaña frustrante a punto de inflexión

El noruego ya tiene su lugar asegurado en la historia reciente del club. Es el capitán que levantó la Premier en mayo y puso fin a 22 años de espera. Nada le va a quitar eso. Sin embargo, a nivel individual, su última temporada dejó un regusto amargo.

Problemas de rodilla y hombro le cortaron el ritmo. Solo 16 titularidades en Liga. Un total de 36 partidos en todas las competiciones… y un solo gol. Para un jugador de su jerarquía, poco. Muy poco.

Las dudas no tardaron en aparecer. Se escucharon voces pidiendo a Eberechi Eze en su lugar. Incluso se deslizó la idea de que el brazalete pasara a Declan Rice. En medio de ese ruido, Mikel Arteta siempre se mantuvo firme.

“Se perdió cinco o seis meses por diferentes cosas y fue extremadamente difícil que encontrara ritmo”, explicó el técnico tras la Community Shield. “Estoy seguro de que este año, si lo mantenemos sano, disponible y rodeado de los jugadores adecuados, veremos a un Martin muy diferente”.

La respuesta del capitán llegó sobre el césped. Y fue contundente.

Un ataque sin fichaje estrella… pero con cerebro

El plan del Arsenal para este verano incluía reforzar el frente ofensivo con un extremo zurdo de élite. El club ha perseguido ese perfil durante varias ventanas. Esta vez, los intentos por Morgan Rogers y Vinicius Jr se quedaron en nada. Y a medida que avanzaron las semanas, las opciones atractivas se fueron evaporando.

Hoy nadie tiene claro quién podría ser ese “fichaje de escaparate” para el costado izquierdo. El mercado se ha estrechado. La realidad es otra: el cambio más transformador que puede experimentar el ataque del Arsenal ahora mismo no pasa por una nueva cara, sino por recuperar la mejor versión de Odegaard. Pleno físicamente. Influyente cada tres días.

El equipo lo necesita. Él también. Entra en los dos últimos años de contrato, el tramo que probablemente definirá el último gran acuerdo de su carrera. No se puede permitir otra temporada a medias.

“Después de la última temporada, perderse tantos partidos es realmente frustrante, pero lo he usado como motivación para volver más fuerte”, reconoció el propio Odegaard. Palabras que encajan con lo que se ve en el campo.

Señales claras: mando, calidad y piernas

Ante el City no fue solo el gol. Fue la actuación completa. Odegaard manejó los tiempos, se ofreció siempre entre líneas, marcó la altura de la presión y castigó cada resquicio defensivo. Su centro bombeado generó el segundo tanto del Arsenal y, durante largos tramos, pareció jugar con un tempo propio.

El contraste con el curso anterior es evidente. Entonces se le veía a un paso, quizá dos, por detrás del ritmo ideal. Duro en los choques, pero con un punto de duda lógico tras encadenar problemas físicos. Esa reserva ya no se aprecia.

En Cardiff ganó cinco de sus siete duelos y ningún jugador sobre el césped recuperó más balones que él. Mandó con el balón y sin él. Un síntoma inequívoco de que el cuerpo vuelve a responderle.

La inercia viene de lejos. En el último Mundial solo Michael Olise dio más asistencias que Odegaard. El noruego cerró la temporada con el título liguero, firmó un gran torneo internacional y, después, se permitió tres semanas de desconexión total junto a su esposa y su hijo. Ese parón le ha sentado como un reset.

“Fue enorme para mí. El año pasado fue una gran lucha, con muchos momentos difíciles. Lo peor para un futbolista es no estar en el campo”, confesó. Ahora, insiste, se siente bien. Y se nota.

Arteta lo percibió desde el primer entrenamiento de la pretemporada: “Desde el primer día que se reincorporó se le ve algo distinto en el estómago, algo que quiere demostrar porque el equipo también lo necesita”.

Más socios, más líneas de pase, más daño

Odegaard apenas había tenido minutos en verano. Debutó en pretemporada hace poco más de una semana, con media hora ante Borussia Dortmund. Le bastó ese rato para romper dos veces la defensa alemana con pases al espacio marca de la casa.

Con la llegada de Bruno Guimaraes, el Arsenal gana todavía más calidad técnica en la base de la jugada. Más pases filtrados, más balones que atraviesen líneas, más ocasiones para que el capitán reciba en la zona donde más duele. Esa conexión puede convertirse en una de las sociedades del año.

La pasada campaña, el éxito liguero del Arsenal se construyó desde atrás. Solidez defensiva, estructura fiable, una presión bien engrasada. Todo eso compensó la ausencia de un nueve de élite y la irregularidad de unos extremos que no terminaron de encontrar continuidad.

Si este verano no llega ese gran fichaje ofensivo, el margen de mejora pasa por exprimir un poco más a los que ya están. Es razonable esperar un salto de Bukayo Saka, a quien Arteta ve ya liberado de sus problemas en el tendón de Aquiles. Y Christos Tzolis, de momento, ofrece señales de ser un claro upgrade en la banda izquierda.

En ese contexto, un Odegaard en plenitud puede elevar el techo del ataque de forma radical.

El listón de su mejor versión

El recuerdo de lo que puede ofrecer no queda tan lejos. En la Premier 2022/23 firmó 15 goles y 7 asistencias. Doce meses después, su registro bajó a 8 tantos y 11 pases de gol. Números notables, pero por debajo de lo que su talento y su influencia sugieren.

Una lesión de tobillo cortó su progresión y, desde entonces, la palabra “ritmo” ha sido un problema recurrente. Cuando parecía encontrar continuidad, otro contratiempo lo frenaba. Todo a tirones, sin poder encadenar semanas de plenitud.

La Community Shield ha dejado la sensación de que ese ciclo puede romperse. No solo por el gol y la asistencia, sino por la forma de moverse, de chocar, de mandar. El cuerpo le acompaña. La cabeza, también.

El Arsenal ya sabe lo que es ganar una Liga con Odegaard como capitán. Ahora la pregunta es otra: con este Odegaard, más maduro, más hecho, más decidido a dejar su huella en los grandes títulos, ¿hasta dónde puede llegar el campeón si su “10” vuelve a ser el corazón creativo que lo enciende todo?