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Noah Arfsten: De la USMNT a Middlesbrough

En Seattle, la derrota de la USMNT ante Bélgica marcó el final de una historia y el inicio de muchas otras. El vestuario se vació, los 26 jugadores tomaron caminos distintos y el ruido del Mundial se apagó de golpe. Algunos volvieron a casa. Otros se perdieron en unas vacaciones necesarias.

El “en algún lugar” de Noah Arfsten fue California.

Necesitaba estar allí. Una semana con la familia. Playa. Silencio. Cartas con el mar de fondo, pero esta vez sin compañeros de selección. Un respiro mental antes de volver a Columbus, entrenar y disputar un par de partidos. El fútbol no espera a nadie.

“Se acaba de golpe y tienes que seguir adelante, pero fue un momento tan grande que cuesta pasar página”, admite. Y no habla solo de los goles, las victorias o las celebraciones. Habla de todo lo que no se ve.

Del himno al balcón

Para Arfsten, hay una imagen que se le clava en la memoria: el himno nacional. “Siempre digo eso cuando me preguntan, porque dejaban salir a todos y yo estaba ahí en cada partido. Estás cantando el himno en un Mundial y el mundo te está mirando. En ese momento, sientes que todos te están mirando”.

Pero, con el tiempo, empiezan a pesar más los detalles pequeños. Las noches en el hotel de Orange County, por ejemplo. Un grupo de cinco, siempre los mismos, jugando a las cartas en el balcón, mirando al océano y hablando de todo y de nada. Sin cámaras. Sin ruido. Solo compañeros que se convierten en algo más.

“Lo que más recuerdas son las relaciones que construyes”, dice. Ahí, entre cartas y confidencias, Arfsten conoció a los demás. Ahora le toca conocerse a sí mismo.

Porque Middlesbrough está muy lejos de Orange County, pero este salto lleva tiempo gestándose. En enero, en una conversación con GOAL, se marcó dos objetivos para 2026: jugar el Mundial y llegar a Europa. El primero ya está tachado. El segundo está a punto de cumplirse.

Desde fuera, parece una escalera perfecta: UC-Davis, MLS, USMNT, Europa. Pero la línea recta es una ilusión.

“Mi camino ha sido de subidas y bajadas, superando muchos obstáculos solo para llegar a Columbus”, explicaba entonces. “Todo esto es nuevo para mí. Lo único que quiero que la gente entienda es que esto no es lineal”.

No exagera. Su segunda temporada universitaria en UC-Davis se canceló por la pandemia. Tras su tercer año, firmó con San Jose Earthquakes II, pero no logró asentarse en el primer equipo. Desde Fresno hasta Columbus vía MLS Draft, sin atajos ni etiquetas de “gran promesa”. Antes de su debut con la USMNT en enero de 2025, no había vestido ninguna camiseta de selecciones juveniles. Nada fue sencillo. Nada le cayó del cielo.

De Columbus a Boro, sin red

Ahora le espera Middlesbrough. Un club histórico, un contexto nuevo, pero con dos caras conocidas: Sebastian Berhalter y Aidan Morris, compañeros de selección y ahora también de vestuario en Boro. Un pequeño ancla en medio de un cambio enorme.

No tendrá margen para aclimatarse. El Championship arranca el 15 de agosto. Antes, el 7, llega el estreno en la EFL Cup ante Wrexham. Arfsten aterrizará en un equipo que ya compite, no en una pretemporada amable. O entra al ritmo del fútbol inglés desde el primer día, o se queda atrás.

Antes de cruzar el Atlántico, tuvo un último acto con la camiseta del Columbus Crew: la semana del MLS All-Star. Una despedida encubierta. Una última vuelta al escenario donde se ganó el salto.

Jugó 44 minutos en la victoria 4-3 del combinado de la MLS ante las estrellas de la Liga MX. Pero el resultado fue casi una excusa. Lo que realmente le marcó fue reencontrarse con dos piezas clave de su verano: Tim Ream y Matt Freese, compañeros de la USMNT, socios de vestuario en el Mundial, parte de esa “familia” que se forma cuando pasas casi dos meses compartiendo cada entrenamiento, cada charla, cada emoción.

“Es muy especial verlos”, cuenta Arfsten. “Ese verano son como tu familia, estás con ellos todos los días, entrenando, compitiendo. Pasas por todas esas emociones juntos, así que es un vínculo especial y siempre es divertido verlos”.

Ream lo ve igual. Para los tres, los últimos meses han sido un torbellino: Mundial, regreso inmediato a la MLS, All-Star por el medio. Nada de pausa. Nada de digestión emocional.

“Ha sido un torbellino para todos”, reconoce el veterano central. “Intentamos volver a la normalidad, pero fue increíble verlos, ponernos al día y hablar del Mundial y de lo increíble que fue”.

El consejo de un veterano

Después del All-Star, a Ream le preguntaron si tenía algún consejo para los dos jóvenes internacionales que siguen sus pasos: de la universidad a la MLS, del anonimato relativo a un salto a Inglaterra.

Su respuesta fue tan sencilla como contundente: “Sé tú mismo. No tienes que cambiar nada. Has llegado a este nivel y al Mundial siendo tú mismo y haciendo lo que te trajo hasta aquí. En una carrera hay altibajos, no es diferente a la vida. Pero si puedes ser la misma persona, estés bien o mal, vas a estar bien”.

Arfsten va a necesitar ese mantra. El Championship es una trituradora: partidos cada tres días, viajes largos, estadios hostiles y una presión constante por alcanzar la Premier League. Paralelamente, arranca un nuevo ciclo de la USMNT, con plazas por ganarse, jerarquías por redefinir y un futuro todavía borroso en el banquillo.

Su margen de error será pequeño. Su ambición, no.

Hacer ruido o desaparecer

Arfsten lo tiene claro: su lugar en la selección no se defiende con discursos, sino con números y sensaciones.

“Marcar goles, dar asistencias, hacer ruido donde esté, se trata de hacer que sea difícil no convocarme”, afirma. “Podemos hablar de quién juega dónde o quién hace qué, pero si siempre estoy haciendo ruido donde esté y haciendo que sea difícil no seleccionarme, ese es mi trabajo como jugador. Eso es lo que voy a intentar hacer”.

Nada en su carrera ha sido lineal. Nada indica que lo vaya a ser ahora. Llega a Inglaterra sin el cartel de estrella, sin pasado en selecciones juveniles, sin una trayectoria de escaparate. Llega con algo más incómodo y, a menudo, más valioso: la costumbre de pelear cada centímetro.

El Mundial le dio un escaparate. El Championship le exigirá demostrar que no fue un destello aislado. La próxima vez que suene un himno y sienta que el mundo le mira, la pregunta será otra: ¿seguirá siendo el chico que jugaba a las cartas mirando al océano, o se habrá convertido en el jugador al que ya es imposible ignorar?