Milos Kerkez: De chico nuevo a lateral izquierdo en Liverpool
El verano en el que Milos Kerkez dejó de ser “el chico nuevo” y empezó a ser algo más en Liverpool no comenzó en un campo de entrenamiento, sino en Vrbas, su ciudad natal. Una iglesia, una novia del brazo y miles de mensajes de felicitación en el móvil.
Todos equivocados.
“No, esto está mal, todos se equivocan”, protesta riéndose el lateral en la terraza del hotel de concentración de Liverpool. La escena que incendió las redes no era su boda. “Era mi hermano mayor. En Serbia es normal que los hermanos pequeños lleven a la novia a la iglesia. Eso hice yo y ahora todo el mundo piensa que me casé. Fue Rade, no yo. Somos tres: Rade es el mayor, yo el pequeño y Marko el del medio. Tengo que ir explicando por todos lados que nunca me casé. Volví al club y la gente me felicitaba. Yo pensaba: ‘¡No, todavía no estoy listo para eso!’”.
Matrimonio descartado. Responsabilidades, no. De esas sí quiere más.
De la sombra de Robertson al foco de Iraola
Kerkez, 22 años, energía inagotable y humor afilado, sabe perfectamente cuál es su reto: dejar de vivir a la sombra de Andy Robertson y asentarse como lateral izquierdo de Liverpool. El contexto le ayuda. La gira de pretemporada en Estados Unidos ha dejado una imagen clara en el centro de alto rendimiento de Chicago Fire: en un vestuario joven, él y Dominik Szoboszlai ya marcan el paso.
No es casualidad. El nuevo jefe, Andoni Iraola, no es un desconocido. Es el entrenador que lo convirtió en un lateral de 40 millones de libras en Bournemouth, el técnico que explotó su potencia por banda hasta meterlo en el equipo del año de la PFA en 2024-25. Nadie en el vestuario de Liverpool conoce mejor al vasco que el húngaro-serbio.
“Estaba encantado, de verdad”, cuenta Kerkez sobre el momento en que supo que Iraola sería el sustituto de Arne Slot. “Me ayudó y me mejoró mucho en los dos años que pasé con él. Estaba muy feliz, obviamente por mí, pero también por el equipo. Todos saben qué tipo de fútbol juega, creo que encaja perfecto con nosotros”.
La palabra que más repite es la que define al técnico: intensidad. Presión alta, duelos uno contra uno por todo el campo, ritmo sin respiro. Y castigos.
“Si ves imágenes de cómo quedamos después de entrenar, todos tirados en el suelo, ves para qué nos está preparando. Necesitas piernas y una condición brutal para hacer lo que quiere, pero estaremos bien. Cuando jugamos partidos con tres o cuatro equipos lo llama ‘consecuencias’ y el que pierde y el segundo tienen que correr. Cuánto se corre depende de lo que él decida en ese momento, pero siempre hay carrera para el que pierde”.
Iraola cuida el detalle, se mantiene a cierta distancia emocional, trata a todos por igual. Profesionalidad y trabajo duro como norma. Kerkez ya sabe ese guion de memoria. Y, sobre todo, sabe que ahora jugará a favor de sus virtudes.
De encorsetado con Slot a desatarse por la banda
La temporada pasada, Kerkez nunca llegó a parecer el mismo jugador que volaba en Bournemouth. El plan de Slot, con salida limpia desde atrás y laterales cerrándose por dentro, le pedía otra cosa. Menos carrera, más pausa. Más pizarra, menos instinto.
Con Iraola, el escenario cambia. “Al míster le gusta jugar más con los laterales por la línea, haciendo underlaps, overlaps. Funcionó bien conmigo en Bournemouth, así que creo que también funcionará bien aquí”, explica. La jerarquía es clara: primero defender, luego todo lo demás.
“Siempre me decía que defender es muy importante, para él eso va primero, y como lateral tienes que defender muy duro. Todo lo que hagas por delante es un bonus. Yo estaba siempre centrado primero en defender y luego en correr hacia adelante para ayudar a los extremos. Me enseñó que cuando haces tu trabajo, eres libre para hacer lo que quieras. Me sentí muy libre con él. Te deja ser más libre para hacer tus cosas”.
Kerkez no apunta a Slot. Al contrario, mantiene el respeto y el contacto con el técnico que devolvió la Premier League a Anfield antes de una destitución tan fulminante como sorprendente.
“Me sorprendió”, admite sobre la salida del neerlandés, apenas un año después del título. “Estaba en Serbia, durmiendo, y mi hermano me despertó. Llamó a la puerta y fue una gran sorpresa. Nadie lo sabía. No podía creerlo, pensé: ‘Wow’. Desde entonces hemos intercambiado algunos mensajes”.
La campaña fue “dura para todos”, resume. Cada problema resuelto traía otro detrás. En medio de una inversión millonaria que no cuajó, el foco sobre los nuevos fichajes fue feroz. Kerkez, aun así, asegura que el peso no le aplasta.
“Honestamente, no me importa la presión. No me gusta ‘la presión’ y esas cosas. Crecí un poco diferente en Serbia. Crecimos diferente. Se puede decir que estamos hechos un poco diferente. Por ejemplo, empecé a conducir un camión cuando tenía 10 años”.
Lo cuenta casi como una travesura. “Fue con mi padre. Yo me subí y cogí el volante. Él hacía los pedales, yo era pequeño y no llegaba”.
Un camión, un padre y un recordatorio constante
Ese padre, Sebastijan, sigue siendo una presencia diaria. A veces incluso lo lleva en coche hasta el centro de entrenamiento de Liverpool. Él y su madre, Tijana, se mudaron a Inglaterra para acompañar al segundo de sus tres hijos en la aventura Premier.
“Son muy importantes”, subraya el defensa. “Mis hermanos ya tienen su vida, pero mis padres están conmigo y soy mucho más feliz con ellos aquí. Mi padre está para darme un manotazo en la cabeza de vez en cuando y recordarme las cosas. A veces juegas unos cuantos buenos partidos y quizá empiezas a venirte un poco arriba. Pero mi padre está para pegarme. Bajo de golpe y vuelvo a enchufarme”.
Esa mezcla de confianza y advertencia permanente le acompaña ahora en la gira por Estados Unidos, donde el miércoles se medirá a Wrexham en Nueva York. Otro paso más en una pretemporada que se presenta como punto de inflexión personal: ya no es el chico que llega para aprender de Robertson, sino el que debe sostener ese costado.
La herencia de Robertson y la amistad con Salah
Reemplazar a una leyenda nunca es tarea sencilla. Mucho menos a alguien tan querido en Anfield como Andy Robertson, ahora en Tottenham. Kerkez no solo heredó su puesto; también recibió, durante un año, una tutoría silenciosa pero constante.
No hubo grandes discursos de despedida. “No quería cargarlo mucho”, confiesa sobre el adiós de Robertson en mayo. “Estaba un poco emocional porque todo se estaba acabando. No quería agobiarlo, pero durante el año me ayudó. Tuvimos algunas conversaciones sobre los centros y sobre los pulmones grandes que necesitamos para poder correr hasta mañana. Él hizo muchas temporadas, yo también debería hacer lo mismo. Hablamos de eso. También de dónde poner el último pase, de concentrarme, levantar la cabeza y a veces poner mejores centros”.
Kerkez no intenta esquivar el peso de la comparación. Lo asume, pero no pretende convertirse en una copia. “Todos sabemos lo que Andy hizo por el club. No huyo de eso. Quiero hacer mi propio camino. Voy a trabajar duro. Sé lo que significa jugar para Liverpool. Lo mostré un poco el año pasado y lo voy a mostrar más este año”.
En ese proceso también ha encontrado complicidad en otra figura gigantesca: Mohamed Salah. El joven lateral se hizo muy cercano al egipcio la pasada campaña. La dimensión del reto se la recordó una pantalla de televisión justo antes de volar a Chicago.
“Antes de salir del Axa vi en la tele un programa sobre cuántos goles y asistencias tenía Mo, eran como 380. Me levanté y me fui. ‘¿Qué es esto?’, pensaba. El tiempo vuela. Llega una nueva generación y ojalá todo salga bien”.
Kerkez ya no es el hermano pequeño llevando a una novia ajena al altar. Ahora le toca a él caminar por el pasillo, esta vez rumbo al lateral izquierdo de Anfield. La pregunta es simple y brutal: ¿está listo para que esa puerta se abra de par en par?



