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Maxence Lacroix se une a Chelsea en un verano millonario

Chelsea ya tiene a su nuevo jefe para el centro de la defensa. Maxence Lacroix deja Crystal Palace y aterriza en Stamford Bridge en un traspaso de 52 millones de libras garantizados, otra pieza más en un verano que vuelve a sacudir el mercado inglés.

El francés, de 26 años, se convierte en el quinto fichaje de los londinenses en esta ventana y llega con un mensaje claro: viene a ganar.

Un fichaje de peso para una zaga en reconstrucción

Lacroix cambia Selhurst Park por el oeste de Londres tras dos temporadas en Crystal Palace en las que levantó la FA Cup, la Community Shield y la Conference League. No fue un actor secundario: disputó 14 partidos en esa última competición, marcó dos goles y fue elegido en el Equipo de la Temporada.

Antes, ya había probado la élite europea con VfL Wolfsburg, con seis apariciones en la Champions League que completan un currículum sólido para un central que entra en plena madurez futbolística.

Chelsea paga por experiencia, físico y carácter competitivo. Y lo hace en un contexto de gasto desatado.

Un verano de chequera abierta en Stamford Bridge

Con Lacroix, el gasto estival del club ya supera, como mínimo, los 280 millones de libras. No es solo una operación aislada, es parte de un plan agresivo.

  • En defensa, Marco Palestra llega desde Atalanta por 47 millones, apuntalando una línea que el club quiere rejuvenecer pero sin perder nivel inmediato.
  • En ataque, el traspaso ya pactado de Emmanuel Emegha desde Strasbourg se ha hecho oficial por unos 22 millones, mientras que Geovany Quenda aterriza procedente de Sporting después de que Chelsea irrumpiera en una operación que parecía encaminada a Manchester United, pagando 42 millones.
  • Por encima de todos, un golpe de efecto: Morgan Rogers, fichado desde Aston Villa por 117 millones de libras, una cifra que rompe el récord de traspaso en el fútbol británico. Una declaración de intenciones.

Y el club no parece haber terminado. Siguen las conversaciones para dos incorporaciones tan sorprendentes como simbólicas: Danny Welbeck y Jordan Henderson, veteranos que juntos suman 71 años y que aportarían experiencia y vestuario a un proyecto de perfil cada vez más joven.

Lacroix, seducido por el proyecto y por Xabi Alonso

El propio Lacroix dejó claro por qué ha elegido este paso. Habló de “un club hermoso”, de la “leyenda de Chelsea” y de una “tradición de ganar” que le sedujo desde el primer contacto. Para él, vestir de azul es “un momento de orgullo”.

La conversación con Xabi Alonso fue decisiva. El central detalló que habló con el técnico sobre táctica, sobre cómo ve el juego y sobre la ambición compartida de pelear por títulos. Encontró alineadas sus ideas y su hambre competitiva.

Lacroix no se lanzó al vacío. Antes de decir sí, marcó varios números conocidos: Malo Gusto, Trevoh Chalobah, Benoît Badiashile. Compañeros de selección o de posición que ya viven el día a día en Cobham. Todos le pintaron el mismo cuadro: este era “el mejor club” al que podía ir. A partir de ahí, él mismo lo resume con sencillez: no necesitaba pensar demasiado.

Su mensaje es directo: considera que este es “el mejor movimiento” para su carrera porque cree que Chelsea es “el mejor club del mundo”. Y su objetivo es tan simple como ambicioso: levantar trofeos cuanto antes.

Un campeón de copas que llega desde Palace

Su etapa en Crystal Palace ha sido corta, pero intensa. Dos años, tres títulos: FA Cup, Community Shield y Conference League. En la última, su rendimiento le colocó entre los mejores de la competición, algo que no pasó desapercibido en los despachos de Stamford Bridge.

No llega como una promesa por pulir, sino como un central contrastado, con bagaje internacional. Formó parte de la selección de Francia que terminó cuarta en el último Mundial, otro escaparate que elevó su perfil en el mercado.

Precisamente por esa participación con Francia, Lacroix tiene muy difícil incorporarse a tiempo a la gira de pretemporada de Chelsea. El club tendrá que esperar un poco más para verlo vestido de azul sobre el césped, pero la apuesta ya está hecha.

El proyecto, también. Con Lacroix al frente de una defensa remozada y un verano de gasto descomunal, la pregunta ya no es cuánto puede gastar Chelsea, sino cuánta presión está dispuesto a soportar para convertir toda esta inversión en títulos reales.