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Liverpool cierra una temporada decepcionante: Slot asume errores

El telón cayó en Anfield con un suspiro, no con un rugido. Un 1-1 ante Brentford, un quinto puesto en la Premier League y una defensa del título que nunca llegó a encenderse. Para Mohamed Salah y Andy Robertson, que se marchan del club, fue un adiós sin épica. Para Arne Slot, fue el espejo de un año que dejó demasiadas decisiones bajo sospecha.

Slot se mira al espejo

El técnico neerlandés no se escondió. Aceptó que no siempre eligió bien. Lo hizo con una sinceridad poco habitual en los banquillos de la élite, consciente de que su primera gran temporada en Liverpool quedará marcada tanto por lo que ocurrió en el césped como por lo que gestionó —o no supo gestionar— fuera de él.

“No es lo que me habría gustado que lográramos esta temporada antes de empezar, pero teniendo en cuenta todo lo que nos ha pasado, estoy contento de que nos hayamos clasificado para la Champions League”, explicó Slot, antes de admitir que ni él ni su equipo estuvieron a la altura de la perfección que se exige en Anfield.

La frase clave, sin embargo, llegó después: “No he sido perfecto. Ningún entrenador puede serlo, ningún jugador puede serlo. Pero todas las decisiones que he tomado han sido con una sola idea: estar muy bien preparados”. La preparación no siempre se tradujo en resultados. Y el vestuario lo sintió.

El caso Salah, una herida abierta

La gestión de Mohamed Salah quedará como uno de los grandes puntos de fricción de la temporada. Su suplencia en noviembre y diciembre, en plena racha catastrófica de nueve derrotas en doce partidos, encendió la mecha. El egipcio no se mordió la lengua, criticó públicamente a su entrenador y terminó pagando con un partido fuera de la convocatoria, una sanción de facto.

A partir de ahí, la relación quedó tocada. Salah acabó negociando su salida pese a tener todavía un año de contrato. Para un club que ha construido gran parte de su identidad reciente alrededor de su figura, la gestión del conflicto se leerá durante años como un punto de inflexión.

Slot, sin mencionarlo de forma directa, dejó entrever que algunas de sus decisiones no resistirán el paso del tiempo. La insistencia en varios jugadores en bajo rendimiento, la tardanza en dar minutos al joven Rio Ngumoha —al que recurrió casi cuando ya no tenía alternativas— son otros capítulos que se revisarán con lupa.

“Sería estúpido sentarme aquí y decir que todas las decisiones que tomé fueron las correctas”, admitió. “Antes de tomarlas, siempre sentí que eran las adecuadas. Pero muchas veces ni siquiera tenía que elegir”.

Una temporada marcada por la tragedia y las lesiones

En esa última frase se esconde otra parte de la historia. Slot recordó que, antes de los problemas tácticos y de vestuario, el equipo se vio golpeado por un suceso imposible de cuantificar: la muerte de Diogo Jota en un accidente de coche en la víspera de la pretemporada. Un impacto emocional profundo, imposible de medir en puntos o estadísticas, pero presente en cada entrenamiento.

Luego llegó la otra plaga, la que sí se puede contar: las lesiones. El fichaje récord británico Alexander Isak se perdió 28 partidos y solo pudo ser titular en ocho encuentros de Premier League. El guardameta Alisson Becker se ausentó en 20, el lateral derecho titular Conor Bradley en 32, Jeremie Frimpong en 19 y Wataru Endo en 18. El joven central Giovani Leoni, de 19 años, apenas duró 81 minutos en su debut antes de que su temporada se evaporara.

Si Slot tuviera que condensar el curso en una sola palabra, ya la tiene: “Lesión”. Así lo definió. Y el repaso a la lista de ausencias respalda esa elección.

Un adiós sin épica para Salah y Robertson

El partido ante Brentford estaba llamado a ser una fiesta de despedida. Terminó siendo un retrato fiel del año: buenas intenciones, momentos de calidad aislados y una incapacidad preocupante para cerrar los partidos.

Salah, foco absoluto de todas las miradas, al menos dejó una última huella futbolística en Anfield: una asistencia para el gol de Curtis Jones. Un destello de la vieja sociedad ofensiva que tantas tardes iluminó el estadio. Pero la ventaja duró apenas seis minutos. Kevin Schade apareció para cabecear el empate y devolver a la realidad a un Liverpool incapaz de sostener su dominio.

Ese gol encajado, tan rápido, tan evitable, resumió la campaña: fragilidad en los momentos clave, falta de colmillo para matar los partidos, un equipo que se deshilacha cuando debería imponerse.

Brentford roza Europa y celebra el progreso

Para Brentford, la tarde tenía otro matiz. Una victoria les habría dado el billete para su primera participación europea. No llegó. Pero el empate y el noveno puesto final no saben a fracaso en el oeste de Londres.

Keith Andrews lo dejó claro: terminar dos temporadas seguidas en la parte alta de la tabla no es un detalle menor. “Demuestra que somos un buen club de fútbol. No se puede dar por hecho acabar en la mitad alta. Se lo podrías preguntar a muchos clubes ahora en Championship que se adelantaron a sí mismos. El hecho de haberlo logrado dos años seguidos es algo especial”, subrayó el técnico.

Mientras Brentford celebra su estabilidad, Liverpool mira al espejo con más preguntas que respuestas.

Entre la Champions y la duda

La clasificación para la Champions League salva el expediente en lo numérico. En Anfield nadie desprecia un billete europeo. Pero el contexto importa. El club defendía el título de Premier League y termina quinto, con un fútbol intermitente, un vestuario sacudido por la pérdida de un referente como Salah y la sensación de que Slot aún busca el pulso exacto de su plantilla.

El propio entrenador ha dejado claro que no se considera intocable. Ha reconocido errores, ha señalado las circunstancias, ha puesto sobre la mesa el peso de la tragedia y las lesiones. Ahora le tocará algo mucho más complejo: reconstruir la confianza de un grupo que ha vivido un año emocionalmente devastador y deportivamente decepcionante.

La temporada se marcha con un empate gris, un adiós frío para dos símbolos y una certeza incómoda: la próxima campaña no admitirá tantas coartadas. La pregunta ya no es qué le pasó a este Liverpool, sino qué versión del equipo será capaz de presentar Slot cuando el balón vuelva a rodar.