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Levante desafía a Osasuna con victoria 3-2 en La Liga

En el Estadio Ciudad de Valencia, Levante convirtió una noche marcada por el miedo al abismo en una declaración de rebeldía. El 3-2 final ante Osasuna, en la jornada 35 de La Liga 2025, no borra su realidad clasificatoria, pero sí explica su ADN competitivo. Siguen 19.º con 36 puntos, atrapados en zona de descenso y con una diferencia de goles total de -16 (41 a favor y 57 en contra), pero el relato de este encuentro habla de un equipo que se niega a bajar los brazos.

Heading into this game, Levante llegaba con un balance total de 9 victorias, 9 empates y 17 derrotas en 35 partidos, y un perfil muy claro: más competitivo en casa que fuera. En el Ciudad de Valencia habían sumado 6 triunfos en 18 encuentros, con 24 goles a favor (media de 1.3) y 28 en contra (1.6). Osasuna, por contra, aterrizaba en Valencia desde una zona más tranquila de la tabla: 10.º con 42 puntos, 11 victorias, 9 empates y 15 derrotas. Su doble cara era evidente: muy fiable en Pamplona, pero frágil lejos de casa. En total, habían marcado 42 goles y encajado 45 (GD -3), pero su versión a domicilio era pobre: solo 2 victorias en 18 salidas, 13 goles a favor (0.7 de media) y 25 en contra (1.4).

El guion del partido —2-2 al descanso, 3-2 al final— encaja con las tendencias de ambos: Levante, obligado a arriesgar en casa; Osasuna, incómodo cuando debe mandar fuera de El Sadar.

Vacíos tácticos: ausencias, castigos y lo que condicionan

La lista de bajas de Levante era larga y pesada. C. Álvarez, U. Elgezabal, A. Primo, I. Romero y K. Arriaga no estaban disponibles. El caso de K. Arriaga, sancionado por acumulación de amarillas, restaba agresividad y oficio en la medular; las lesiones de Elgezabal y Primo limitaban las alternativas para sostener el bloque bajo y el juego aéreo, mientras que las de I. Romero y C. Álvarez recortaban fondo de armario para rotar en banda y en la zona de tres cuartos. Luis Castro respondió con una estructura 4-4-1-1 que buscaba equilibrio: cuatro defensas claros, una línea de cuatro centrocampistas muy trabajadora y J. A. Olasagasti por detrás de Carlos Espi como lanzadera.

Osasuna también llegaba tocado: V. Muñoz era baja por lesión muscular, restando una opción más para rotar en banda y mantener la intensidad por fuera. Alessio Lisci no se salió del libreto que ha definido la temporada rojilla: 4-2-3-1, doble pivote con J. Moncayola e I. Muñoz, tres mediapuntas móviles —R. García, A. Oroz y R. Moro— y A. Budimir como referencia.

En el plano disciplinario, las estadísticas de temporada explican el tono del duelo. Levante muestra una tendencia a crecer en agresividad conforme avanza el partido: el 18.75% de sus amarillas llega entre el 76-90’, y otro 16.25% entre el 91-105’. Osasuna es aún más extremo: concentra el 20.73% de sus tarjetas amarillas entre el 76-90’ y un 19.51% entre el 61-75’. Es decir, dos equipos que cierran los partidos al límite, algo que en un 2-2 al descanso y con la permanencia y Europa (o al menos la zona alta) en juego, convierte cada duelo en una batalla mental además de física.

Duelo clave: cazador contra escudo, motor contra freno

El enfrentamiento más evidente estaba en el área de Levante: A. Budimir, uno de los grandes goleadores del campeonato, contra una defensa que sufre. El croata llegaba con 17 goles en 34 apariciones, 77 tiros totales y 37 a puerta. Osasuna, pese a su buen rendimiento en casa, no es un muro: en total había encajado 45 goles (media global de 1.3 por partido), pero su problema está lejos de Pamplona. En sus viajes, los rojillos recibían 1.4 goles por encuentro. El plan de Lisci era claro: cargar juego sobre Budimir, aprovechar su capacidad para fijar centrales, ganar duelos (164 ganados de 346) y castigar una zaga granota que, en total, ha encajado 57 tantos (media de 1.6).

En el otro área, el “cazador” era Carlos Espi. Con 9 goles en 22 partidos de liga y solo 10 titularidades, el delantero de Levante es un finalizador puro: 38 tiros, 20 a puerta, notable presencia en duelos (170 disputados, 82 ganados) y una mezcla de potencia y agresividad que encaja con el fútbol directo que pide un 4-4-1-1. Su reto era atacar el punto débil de Osasuna fuera de casa: una línea de cuatro que sufre cuando debe defender hacia atrás y que, aunque tiene un líder fiable como Catena, se expone.

Catena, central con 32 titularidades, 3 goles, 2 asistencias y una precisión de pase del 85%, es el “escudo” rojillo… pero también un defensor que vive en el filo: 10 amarillas y 1 roja esta temporada, además de 44 faltas cometidas. Ha bloqueado 32 tiros y suma 32 intercepciones; su lectura de juego es notable, pero la estadística disciplinaria y los datos globales de tarjetas rojas de Osasuna —con picos del 28.57% entre 31-45’, 76-90’ y 91-105’— dibujan a un equipo que, cuando es exigido, roza el límite.

En la sala de máquinas, el “engine room” se jugaba entre la creatividad y el orden. Por Osasuna, J. Moncayola es el metrónomo y el enforcer: 33 apariciones, 4 asistencias, 1291 pases totales con un 80% de acierto, 50 entradas y 38 faltas cometidas. Es quien equilibra a un trío de mediapuntas muy ofensivo. En Levante, el peso se repartía entre O. Rey, P. Martínez y V. García, encargados de conectar con Olasagasti y liberar a Espi. Sin un gran generador de asistencias destacado en las tablas generales, la creatividad granota es más coral y se apoya en la acumulación de gente por dentro.

Pronóstico estadístico: xG implícito y solidez relativa

Aunque no disponemos de cifras exactas de xG, los patrones de temporada ofrecen una lectura clara. Heading into this game, Levante promediaba 1.2 goles a favor y 1.6 en contra por partido en total; Osasuna, 1.2 a favor y 1.3 en contra. Si trasladamos esas medias al contexto concreto —Levante en casa (1.3 GF, 1.6 GA) y Osasuna fuera (0.7 GF, 1.4 GA)— el partido apuntaba a un ligero favoritismo local en términos de producción ofensiva esperada, con un escenario probable de xG más alto para Levante que para un Osasuna que, fuera, genera poco y sufre atrás.

La victoria por 3-2 encaja con esa proyección: un Levante que, empujado por la necesidad, estira su media goleadora en casa por encima del 1.3 y explota las debilidades de un Osasuna que, lejos de casa, no consigue trasladar su solidez de El Sadar. El desenlace no cambia el hecho de que la defensa granota sigue siendo permeable, pero sí refuerza una idea: en su estadio, y con Carlos Espi como punta de lanza, este Levante tiene argumentos ofensivos suficientes para creer en la salvación, incluso contra un equipo con un goleador del calibre de A. Budimir y un mariscal defensivo como Catena.

Levante desafía a Osasuna con victoria 3-2 en La Liga