Kevin McHugh rompe el silencio sobre su salida de Finn Harps
Durante casi tres décadas, Kevin McHugh fue sinónimo de Finn Harps. Goles, ascensos, noches largas en Finn Park. Ahora, el histórico delantero y exentrenador ha decidido hablar claro sobre su abrupta salida, y sus palabras golpean con fuerza en un club ya sacudido por la crisis deportiva y estructural.
Un adiós cargado de reproches
El domingo por la noche, Finn Harps emitió un comunicado anunciando la marcha de McHugh del banquillo. Nada fuera de lo habitual en la fría liturgia de los comunicados oficiales. Pero el ídolo del club no estaba dispuesto a dejarlo ahí.
En declaraciones a Donegal Daily, McHugh denunció la falta de “honestidad, decencia y apoyo” desde dentro de Finn Park y aseguró que, en los últimos días, “se han cruzado líneas” que ya no está dispuesto a tolerar.
No habla un recién llegado. McHugh, de 46 años, lleva casi toda su vida ligada a Harps. Desde 2017 dirigía la Finn Harps Academy y, desde abril de 2025, asumió también el cargo de entrenador del primer equipo tras la salida de Darren Murphy. Dos trabajos al mismo tiempo, con recursos menguantes y un club a la deriva.
“Estoy bien curado de todo el caos y las tonterías que pasan alrededor de este club en una temporada normal”, explicó, dejando claro que conoce como pocos las turbulencias internas. Aun así, asegura que estaba dispuesto a “sacrificar” su reputación por el bien de la entidad, trabajando “con las dos manos atadas a la espalda” mientras doblaba funciones entre primer equipo y academia.
Hasta que, según él, se cruzó una línea roja.
Señalados: el presidente y parte del consejo
McHugh no se esconde. Apunta directamente al núcleo de poder del club.
Dice estar “extremadamente decepcionado” con el presidente y “unos cuantos” miembros de la junta que, en teoría, deberían marcar el rumbo de Finn Harps. Los acusa de falta de apoyo en el momento más delicado, cuando el equipo se hundía en la tabla y el entorno pedía respuestas.
Su queja no se centra solo en los resultados. Habla de comportamiento, de valores básicos.
“La falta de honestidad, de decencia y de apoyo hacia mí y mi cuerpo técnico en un periodo en el que más lo necesitábamos”, subraya. Es el retrato de un vestuario y un staff que, según él, han quedado expuestos y desprotegidos mientras el club se desangraba.
Plantilla debilitada y presupuesto recortado
Sobre el césped, el panorama tampoco ayudaba. Finn Harps ha atravesado una racha muy dura y ha caído al último puesto de la First Division. McHugh estaba dispuesto a “aguantar el temporal” con la esperanza de un futuro mejor bajo un posible nuevo propietario. Pero el contexto se volvió asfixiante.
En apenas seis semanas, el equipo perdió a Max Johnston, Idir Zerrouk, Perrault Tokam, Daniel De Lacerda y Temi Ajibola. Salidas en cadena que dejaron al técnico con menos opciones y un margen de maniobra mínimo. Su presupuesto, ya ajustado, se redujo drásticamente.
En ese escenario, McHugh asegura que solo se mantuvo por lealtad a los suyos: cuerpo técnico, jugadores y aficionados.
“Lesser men would have walked months ago with the conditions we were left in to compete at this level”, apuntó, dejando claro que muchos habrían tirado la toalla mucho antes con las condiciones en las que, según él, se les obligó a competir. Para él y su equipo, abandonar no era una opción mientras la grada siguiera respondiendo, en casa y a domicilio. “La gente merece algo mejor”, remató.
Defensa cerrada a su cuerpo técnico
Aunque insiste en que no quería “lavar los trapos sucios en público”, McHugh considera que no le han dejado alternativa. Siente la obligación de salir al frente para respaldar a su staff, al que define como ejemplar.
Habla de “compromiso total, profesionalidad y dignidad” por parte de su equipo de trabajo, y sostiene que todos ellos merecían un trato muy distinto por parte de quienes manejan el club. Su mensaje, más que un ajuste de cuentas personal, suena a defensa pública de quienes han estado a su lado en el banquillo.
La posible llegada de Freddy Gonzalez
Su salida no se produce en el vacío. Llega en pleno proceso de cambio de manos del club. McHugh ya ha mantenido conversaciones con el potencial nuevo propietario, el empresario filipino Freddy Gonzalez, cuyo intento de compra se someterá a los accionistas en las próximas semanas.
El exentrenador habla de “cambio completo dentro del club” si la operación recibe luz verde. La propia entidad, en su comunicado, apuntó a que McHugh asumiría un nuevo rol “como parte de la transición del club hacia una estructura profesional”. Él, sin embargo, matiza: no hay nada cerrado.
Según explica, Gonzalez ya le ha expuesto sus planes a corto y largo plazo, y entiende que McHugh necesite tiempo para valorar si quiere formar parte de la nueva etapa. No hay compromiso firmado, solo una puerta abierta.
Eso sí, el tono del exdelantero cuando habla del posible nuevo dueño es muy distinto al que emplea para referirse a la actual cúpula. Define la dirección que tomaría el club con Gonzalez como “enormemente positiva” y destaca, sobre todo, la “claridad total” de sus ideas.
“Decida o no ser parte de este viaje”, asegura, ve “tiempos emocionantes por delante” para Finn Harps cuando “Freddy” entre definitivamente en escena.
Un símbolo que no se rinde
McHugh debutó con el primer equipo de Harps en agosto de 1998, en un duelo de League Cup ante Fanad United. Desde entonces, 186 goles en 439 partidos repartidos en dos etapas. Una cifra que lo coloca entre los grandes nombres de la historia del club.
Su vínculo con la grada y con los voluntarios que sostienen el día a día de Finn Park se percibe en el cierre de su mensaje. Dice sentirse “encantado” por cada aficionado, por cada voluntario pasado y presente, por cada trabajador que ha “pasado por el molino” a lo largo de los años.
Les desea algo que él mismo lleva años persiguiendo: ver a Finn Harps FC salir, por fin, del “modo supervivencia” para entrar en una fase de auténtico desarrollo.
La pelota, ahora, está en el tejado de los accionistas y de Freddy Gonzalez. El club se asoma a un punto de inflexión. La pregunta es si esta vez, con o sin McHugh en el organigrama, Finn Harps será capaz de transformar la ruptura en renacimiento.



