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Italia y la posibilidad de un billete al Mundial 2026

La única rendija que mantiene viva la esperanza de ver a la selección italiana en el próximo Mundial pasa por un escenario extremo: que Irán renuncie a su plaza. Nada más. Nada menos.

El torneo se disputará el próximo verano con Estados Unidos como uno de los países anfitriones, en medio de unas tensiones políticas que han colocado a la selección iraní en el centro de una tormenta que va mucho más allá del fútbol.

Un sueño italiano colgado de un hilo ajeno

Según la cadena francesa RMC Sport, una parte de la afición italiana ha empezado a fantasear con una “clasificación técnica” si Irán anunciara su retirada. La lógica es sencilla: los Azzurri son, hoy por hoy, la selección mejor situada en el ránking entre las que no lograron el billete al Mundial. De ahí la ilusión de verlos entrar en el Grupo G, junto a Bélgica, Nueva Zelanda y Egipto.

Pero la ilusión choca de frente con la realidad. La opción, a día de hoy, roza lo imposible.

Escalada política y dudas en Teherán

El contexto es explosivo. En febrero, Estados Unidos y la entidad sionista llevaron a cabo un ataque conjunto con misiles sobre Irán, en el que murió el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei. Desde entonces, la tensión diplomática se ha disparado y el foco se ha desplazado inevitablemente hacia el Mundial.

Las palabras del ministro de Deportes iraní encendieron todas las alarmas: aseguró que su país “no tiene la capacidad de participar”. Un mensaje que, en clave deportiva, sonó a preaviso de renuncia.

Desde Washington, el presidente Donald Trump fue más allá y pidió públicamente a Irán que se retire del torneo “por su propia seguridad”. En su mensaje en Truth Social escribió que la selección iraní es bienvenida en el Mundial, pero que no considera adecuado que participe, precisamente por motivos de seguridad.

Teherán respondió con dureza. Rechazó de plano cualquier idea de exclusión y llegó a sugerir que fueran los propios Estados Unidos quienes se retiraran.

Un veto que lo cambia todo… pero no del todo

La situación dio un giro aún más delicado cuando el Ministerio de Deportes iraní emitió un comunicado tajante: prohibición oficial a todas las selecciones y delegaciones nacionales de viajar a países catalogados como “hostiles” por el gobierno, hasta nueva orden.

Sobre el papel, eso colocaba en la cuerda floja la presencia de Irán en un Mundial con partidos en territorio estadounidense. Sin embargo, la posición deportiva del equipo no ha variado: Irán se ganó la clasificación sobre el césped, a través de las eliminatorias de la AFC, y mantiene la intención de disputar el torneo.

Ahí entra en escena la FIFA. Gianni Infantino y el organismo con sede en Zúrich no contemplan, por ahora, excluir a Irán. Muy al contrario, han reafirmado su apoyo a la participación iraní.

En recientes conversaciones entre una delegación iraní e Infantino se ratificó el plan original: Irán jugará el Mundial y disputará sus partidos en Estados Unidos. Sin plan B. Sin sede alternativa.

El propio Infantino lo subrayó en Turquía, en los márgenes de un amistoso entre Irán y Costa Rica: la selección asiática estará en el torneo y no existe ningún escenario alternativo sobre la mesa.

También se ha descartado, por ahora, trasladar sus partidos a México. Resultado inmediato: Italia no tiene hoy ninguna vía real de repesca.

Calendario marcado y amenaza de crisis organizativa

El calendario de Irán está definido. Debuta el 16 de junio ante Nueva Zelanda, antes de medirse a Bélgica en California y cerrar la fase de grupos frente a Egipto en Lumen Field, en Seattle.

Si Irán anunciara su retirada a pocos días, o incluso semanas, del inicio del Mundial, la FIFA se vería de golpe ante una crisis organizativa y logística de enorme calado: reestructurar grupos, reasignar sedes, renegociar cuestiones comerciales y de seguridad. Todo a contrarreloj.

RMC Sport apunta que, en los despachos, la idea dominante es otra: reemplazar a Irán por una selección asiática. El objetivo es claro: mantener el equilibrio de plazas entre confederaciones y no alterar la distribución acordada para el torneo.

El reglamento no obliga expresamente a la FIFA a seguir este criterio, pero dentro del organismo se considera la solución más coherente y políticamente sostenible.

Por qué Italia casi no cuenta

Reintegrar a Italia supondría conceder a Europa una plaza extra. Un gesto que abriría la puerta a protestas en el resto de continentes, especialmente teniendo en cuenta que la UEFA ya dispone del mayor cupo: 16 plazas para 55 asociaciones.

La asignación de plazas en el Mundial siempre ha tenido un componente político evidente. Por eso la FIFA se aferra al principio de equilibrio entre continentes. Y ahí, las opciones italianas se desvanecen. No solo se reducen. Prácticamente desaparecen.

El camino se abre para la UAE

Bajo esa lógica, la UAE aparece como candidata destacada si Irán se cae del torneo. Tras la clasificación de Irak en la repesca intercontinental ante Bolivia (2-1), la selección emiratí se ha convertido en el mejor equipo asiático que se quedó fuera del Mundial.

Ese detalle la coloca, hoy, en la pole position entre las posibles sustitutas. No hay nada firmado, ni mucho menos, pero el tablero está trazado: si la plaza sigue siendo asiática, la UAE parte con ventaja.

Todo queda, en cualquier caso, a merced de la evolución de la crisis iraní y de la decisión final de la FIFA. La puerta sigue entreabierta para varios aspirantes. La UAE, otras selecciones asiáticas… y, en un rincón casi oscuro del pasillo, Italia, aferrada a una posibilidad tan remota como seductora para un tetracampeón que se resiste a ver el Mundial desde el sofá.