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Inglaterra arranca el Mundial en Dallas con un 4-2 a Croacia

El arranque mundialista de Inglaterra en Dallas fue mucho más que un 4-2 a Croacia. Fue una sacudida deportiva, un experimento táctico exitoso, una noche de excesos en los pubs de Texas y hasta un recordatorio de que, al día siguiente, la resaca también se mide con un alcoholímetro.

El “Palacio de Dallas”: fútbol, Super Bowl y karaoke

Dentro del estadio, bautizado por muchos como el “Palace in Dallas”, el ambiente osciló entre una caótica tarde de tercera ronda de FA Cup y un espectáculo al estilo Super Bowl. El fútbol europeo se mezcló con el show americano.

Cuando Marcus Rashford cerró el marcador con el 4-2 en el minuto 85, el estadio explotó. Primero sonó “Football’s Coming Home”, coreado a pleno pulmón. Antes ya habían retumbado “Hey Jude”, “Wonderwall” y “Sweet Caroline”. Parecía más un karaoke multitudinario que un partido de fase de grupos.

Entre los aficionados, una escena que resume la dimensión del evento: Jessica Long, estadounidense, se acercó emocionada para hablar del Mundial que llega a su ciudad. Excorredora del maratón de Londres, recordaba haber pasado corriendo junto al piso del periodista al que se dirigía. “Es un día increíble, el Mundial es fantástico, mira cómo se junta toda esta gente”, celebraba, con el ruido del estadio de fondo.

Tuchel, el técnico que sí mueve el banquillo

Sobre el césped, la historia fue distinta en cada parte. Inglaterra se fue al descanso con un 2-2 que olía a problema. Croacia había castigado las dudas defensivas y el plan inicial de Thomas Tuchel pedía ajustes urgentes.

Ahí apareció la diferencia que muchos dentro del vestuario ya señalan. Kyle Walker, en una columna, puso negro sobre blanco lo que muchos piensan: Tuchel no teme tocar nada. “Contra Croacia hizo los cambios en el momento justo y metió piernas frescas”, escribió. Y remató la comparación: con Gareth Southgate, la tendencia era mantener el mismo once de confianza y apenas retocar.

En Dallas, Tuchel intervino a tiempo. Ajustó, movió el banquillo y cambió el pulso del partido. Cuando entran al campo jugadores como Bukayo Saka, Morgan Rogers o Rashford con veinte minutos por delante, “asustan a cualquier equipo del mundo”, apuntó Walker. Croacia lo comprobó de primera mano.

El descanso que lo cambió todo

En el vestuario, con el marcador empatado y el ruido exterior creciendo, Tuchel eligió el camino contrario al miedo. Harry Kane lo desveló después del partido: el mensaje fue liberador.

“Nos dijo que nos quitáramos las cadenas, que nos calmáramos y saliéramos a jugar. ‘¿Qué es lo peor que puede pasar? Enseñadle al mundo quiénes podemos ser’”, relató el capitán. Inglaterra salió “a tope”, en palabras de Kane, y Croacia no encontró respuesta.

Jude Bellingham marcó el 3-2 apenas dos minutos después de la reanudación, símbolo de esa nueva marcha que metió el equipo. Desde ahí, el partido se inclinó definitivamente. Inglaterra controló, no se descompuso y, ya en el tramo final, mató a la contra con el gol de Rashford.

“Una vez nos pusimos por delante, nunca pareció que estuviéramos en peligro”, resumió Kane. Esa frase, en un Mundial, vale tanto como un gol.

Kane, el “paquete completo” y la carrera por la Bota de Oro

Kane ya había hecho su parte en la primera mitad. Su doblete no solo sostuvo a Inglaterra cuando el duelo era un intercambio de golpes; también le permitió igualar el récord de Gary Lineker con 10 tantos como máximo goleador inglés en Mundiales.

Thomas Tuchel, que no suele regalar elogios, se rindió al rendimiento de su capitán. Habló del “paquete completo”: el delantero que marca, lidera y se deja el cuerpo para tapar un disparo en la prórroga de un partido de fase de grupos. “Está totalmente dentro, física y mentalmente”, destacó el técnico.

El propio Kane, mientras tanto, mira de reojo a sus rivales directos. Kylian Mbappé y Erling Haaland arrancaron el torneo con sendos dobletes. Lionel Messi firmó un triplete ante Argelia. La élite se mide entre sí, y el inglés lo sabe.

“Vi los goles de los otros. No me gusta centrarme en los demás, pero es natural querer llegar al nivel más alto”, admitió. Quiere ser el primero en la historia en ganar dos veces la Bota de Oro del Mundial, tras la de 2018. “En el fondo, esa competencia me ayuda a subir el nivel”, reconoció. En Dallas ya dejó claro que piensa pelearla.

Bellingham, del recelo a la reivindicación

Si Kane fue el martillo, Bellingham fue la corriente eléctrica. El centrocampista de Real Madrid llegó al torneo rodeado de ruido: lesiones, ausencias en las convocatorias de septiembre y octubre, dudas públicas de Tuchel sobre su comportamiento y su encaje en la “hermandad” del grupo.

El propio jugador confesó que compite con “un peso en el hombro”, una especie de desafío permanente. Contra Croacia, ese filo le vino de maravilla. “Era importante dejar a un lado el ruido y demostrar a mi país y a mis compañeros lo comprometido que estoy”, explicó.

Su segundo tiempo fue una exhibición de presencia, energía y determinación. Marcó el 3-2, se adueñó del ritmo y simbolizó esa Inglaterra desatada. “Ha sido una temporada dura, pero me siento fresco, fuerte y con ese punto de rabia que me ayuda a encontrar el foco y la intensidad desde el inicio”, confesó.

Dietmar Hamann, uno de sus críticos en la etapa en Borussia Dortmund, se rindió a la evolución del inglés. El exinternacional alemán, que cubrió el partido para la televisión irlandesa, reconoció que algunas actitudes de Bellingham en la Bundesliga no le gustaban nada. Pero ahora ve a otro jugador: campeón de Champions en su primer año en Madrid, decisivo en un Mundial y, sobre todo, entregado al sistema colectivo. “Cuando juega para el equipo, sabemos que es un futbolista excelente”, admitió.

Tuchel, que tenía la alternativa de Morgan Rogers para esa posición, acabó dándole la titularidad. “Es un jugador muy bueno, mereció salir de inicio, y eso es lo que tiene que hacer para pelear por su sitio”, sentenció el alemán tras el encuentro. Bellingham respondió con hechos.

Rashford y la batalla por los minutos

Rashford entró desde el banquillo y cerró la noche con el cuarto gol. Más allá del tanto, su impacto se notó en la forma en que estiró al equipo, atacó los espacios y castigó a una defensa croata ya al límite.

Tuchel reveló que, un día antes, había mantenido una charla con él. Le habló de su impresión en los últimos 16 días de concentración: totalmente implicado en las reuniones, veloz para traducir las indicaciones tácticas al campo y en una competencia sana y exigente con Anthony Gordon por el puesto. “Ahora mismo está en un momento muy bueno”, subrayó el seleccionador.

En un torneo largo, esa pugna interna por los minutos puede ser la diferencia entre un equipo que se apaga y otro que llega encendido a los cruces.

El otro lado de la fiesta: pubs desbordados y controles de alcoholemia

Mientras Inglaterra golpeaba en Dallas, la fiesta se trasladaba a los bares. El Londoner Pub, en la propia ciudad texana, se convirtió en epicentro del fervor inglés. El local, que había anunciado un cierre más tarde que la competencia, se vio desbordado. La policía irrumpió al inicio del partido, obligando a desalojar cuando los aficionados entonaban el himno.

El motivo: aforo completo, solo dos guardias de seguridad y una marea de camisetas blancas. El balance de la noche fue tan descomunal como problemático. Se sirvieron 2.352 botellas de cerveza y más de 5.000 consumiciones de cerveza en total, con una facturación superior a las 30.000 libras. El propio pub, sin embargo, matizó que esas cifras no tenían en cuenta los destrozos en mobiliario y jardinería.

Al día siguiente, llegó la factura menos festiva. En Durham, la policía montó un operativo de controles de alcoholemia durante la hora punta de la mañana. Los agentes detuvieron vehículos al azar a la salida del centro de la ciudad para comprobar si los conductores seguían por encima del límite tras la noche de fútbol.

Las estadísticas de Durham Constabulary son claras: en días de partido de Inglaterra, los accidentes aumentan alrededor de un 20%. Con un Mundial en Norteamérica y horarios más tardíos en el Reino Unido, la preocupación es evidente: aficionados que beben hasta más tarde y cogen el coche al día siguiente sin ser conscientes de que siguen dando positivo.

Ningún conductor dio por encima del límite mientras la agencia de prensa estuvo presente, aunque uno se llevó un susto al comprobar lo cerca que estaba. La sargento Sarah Manser lo resumió sin rodeos: el mensaje es que el alcohol puede seguir en tu cuerpo a la mañana siguiente. “Por favor, no bebáis y conduzcáis, es así de sencillo”, pidió.

Louis Renwick, uno de los conductores controlados, dio cero en el test y aplaudió la campaña. “Hay demasiadas muertes en la carretera por culpa del alcohol”, recordó. Una frase que contrasta con las imágenes de pubs a reventar, pero que forma parte de la misma historia.

Inglaterra se hace notar… también en las apuestas

El impacto del 4-2 no se quedó solo en la grada. Las casas de apuestas reaccionaron con rapidez. Betway recortó la cuota de Inglaterra para ganar el Mundial de 8/1 a 13/2 tras la victoria. Su portavoz, Lewis Knowles, habló de “una victoria de declaración” y de un equipo que “respondió a muchos críticos” con su segunda parte en Dallas.

El mercado, tan frío como el acero, refleja algo que se palpa en el ambiente: empieza a calar la idea de que, esta vez, el “football’s coming home” podría no ser solo un estribillo.

Un Mundial que no duerme

Mientras Inglaterra saborea su arranque, el torneo no se detiene. La jornada ocho se abre con República Checa contra Sudáfrica, duelo de urgencias para dos selecciones que perdieron en su debut. Luego, Suiza se mide a Bosnia-Herzegovina y, más tarde, Canadá se enfrenta a Qatar en un Grupo B comprimido, con las cuatro selecciones empatadas a un punto.

La noche se cerrará con México contra Corea del Sur, un choque que probablemente entregue un billete directo a las rondas eliminatorias. Un detalle que enmarca el incidente vivido en el campo de entrenamiento surcoreano en México: el ejército derribó un dron no registrado que sobrevolaba la zona. El seleccionador Hong Myung-bo lo calificó de “desafortunado”, aunque aclaró que ocurrió justo antes de que empezaran a ensayar tácticas.

Y mientras tanto, el ruido alrededor de las estrellas

En otro punto del mapa, Cristiano Ronaldo inició su sexto Mundial con un empate frustrante ante la República Democrática del Congo. Yoane Wissa firmó el gol del empate y el portugués apenas tuvo dos medias ocasiones. Desde la radio británica, Chris Sutton acusó al seleccionador Roberto Martínez de “tener miedo” a sustituirle, convencido de que el juego había pasado de largo para el veterano delantero.

El contraste con la situación de Inglaterra es evidente: Tuchel no teme mover piezas, ni siquiera con nombres grandes. Y ahí, precisamente, reside parte de la sensación de que esta selección inglesa puede ser distinta.

Porque en Dallas no solo ganó un equipo. Se presentó un candidato, se reivindicó un capitán, se encendió un Bellingham con cuentas pendientes y se activó una maquinaria que, si mantiene este nivel de riesgo y personalidad, va a obligar a todo el mundo a mirarla de frente en las próximas semanas.