Inglaterra enfrenta dudas antes del Mundial: la sombra de Harry Kane
La ventana de marzo debía aclarar el panorama. Lo ha enturbiado. Inglaterra cierra sus amistosos en Wembley con un empate 1-1 ante Uruguay y una derrota por 1-0 frente a Japón que deja más preguntas que respuestas a ocho semanas de que Thomas Tuchel anuncie su lista definitiva para el Mundial.
El seleccionador sorprendió desde el inicio: una prelista de 35 jugadores y una decisión poco habitual, dividir el grupo en dos campos de entrenamiento. El plan era ir afinando el bloque titular entre el viernes y el martes. La realidad lo desmontó a golpes de parte médico.
Un plan roto por las bajas
El empate ante Uruguay ya había dejado una sensación tibia. Un equipo plagado de teóricos suplentes no aprovechó el escaparate para reclamar sitio en el avión. El duelo ante Japón debía ser el ensayo general con más peso de titulares. No lo fue.
Tuchel esperaba “traer un puñado de jugadores de primer nivel” para el segundo partido. En su lugar, tuvo que rehacer la convocatoria. Cayeron Declan Rice y Bukayo Saka, también John Stones. Harry Kane vio el encuentro desde la grada, protegiendo una molestia menor. Jude Bellingham, ni siquiera saltó al césped: todo el partido en el banquillo.
El técnico alemán, visiblemente frustrado, se agarró al contexto. Recordó la carga brutal de minutos en clubes, la lucha por títulos en ligas y competiciones europeas, y la dureza física de la temporada en su tramo final. Subrayó que se había medido a dos selecciones del top-20 mundial, bien trabajadas y con su once de gala. Y recordó otro dato clave: “siete, ocho” jugadores que tuvieron que abandonar la concentración por lesión. No como excusa, insistió, sino como explicación de un rendimiento por debajo del estándar que él mismo exige.
Japón castiga la falta de filo
Sobre el césped, el guion fue claro. Inglaterra mandó en la posesión ante Japón, tocó, movió, empujó… pero casi nunca hirió. Faltó ritmo en tres cuartos, colmillo en el área, ideas en los metros finales. Faltó, en definitiva, lo que marca la diferencia en un torneo corto.
El partido se decidió con una acción de calidad. Kaoru Mitoma firmó un gran gol en la primera parte y entregó a Japón su primera victoria de la historia frente a Inglaterra. Un golpe simbólico y también táctico: cada pérdida inglesa, cada transición mal gestionada, se convirtió en una amenaza.
En el centro de la zaga, Marc Guehi y Ezri Konsa vivieron tramos incómodos. Algún desajuste, alguna lectura tardía, demasiadas dudas para una pareja que podría ser titular el 17 de junio ante Croacia en Dallas. En el lateral izquierdo, el panorama no es mejor: la plaza sigue sin dueño claro y el amistoso no acercó una solución.
Kane, el hueco que nadie llena
La sensación más inquietante, sin embargo, se concentra en una sola figura: Harry Kane. Su temporada con Bayern Munich impresiona por sí sola: 48 goles en 40 partidos. Es el faro, el remate, el socio, el capitán. Y, sobre todo, es insustituible.
Tuchel lo dejó claro sin rodeos. Explicó que el propio Bayern, sin Kane, pierde amenaza. Y amplió el foco: “ningún equipo del mundo” mantiene el mismo filo cuando le falta un delantero así. Lo calificó como algo “normal”, casi inevitable.
En su ausencia, el seleccionador probó a Dominic Solanke y Dominic Calvert-Lewin en los dos amistosos. Ninguno de los dos se hundió, pero tampoco elevaron el debate al nivel de la élite mundial. Cumplieron, sí. Pero el listón que marca Kane está en otro planeta.
Bellingham, protagonista desde la sombra
Curiosamente, uno de los nombres que sale reforzado de la concentración es el de un futbolista que casi no participó: Jude Bellingham. El mediapunta de Real Madrid no jugó ante Japón y apenas necesitó esa ausencia para subrayar su peso específico. Sin él, el equipo perdió creatividad, llegada y liderazgo ofensivo.
Morgan Rogers, de Aston Villa, tenía la misión de discutirle el puesto de ‘10’. Dejó destellos, alguna conducción interesante, un par de giros que invitan al optimismo a medio plazo. Pero solo eso: chispazos, no una candidatura firme.
Phil Foden y Cole Palmer tampoco terminaron de romper el molde. Entre los dos no lograron esa actuación que obligue al seleccionador a escribir su nombre en la alineación titular de Estados Unidos con tinta indeleble. Talento hay de sobra, pero el escaparate de marzo pedía jerarquía. No apareció.
En cambio, Elliot Anderson sí aprovechó el contexto. Sin Rice, su actuación apuntaló la idea de que puede ser un socio válido para el mediocentro de Arsenal. No es poco en un centro del campo que aún busca su equilibrio definitivo.
Un favorito con grietas visibles
Sobre el papel, Inglaterra sigue siendo uno de los grandes candidatos a levantar su primer Mundial desde 1966. La nómina de estrellas, el nivel competitivo de sus figuras en clubes y la experiencia acumulada en grandes torneos sostienen esa etiqueta.
El problema está en los matices. En las piezas que aún no encajan. La defensa central no transmite la solidez que exige un torneo donde un error te manda a casa. El lateral izquierdo es una incógnita. El plan B en ataque, sin Kane, no asusta a nadie. Y el engranaje ofensivo, sin Bellingham al mando, pierde fluidez, chispa y sorpresa.
Tuchel, pese a todo, se mostró desafiante. Aseguró salir de esta concentración con “más claridad” sobre su lista definitiva, incluso con resultados decepcionantes. Pero no ocultó su inquietud de cara a las próximas semanas. Admitió que ver la televisión los fines de semana será “aterrador”: cualquier tirón muscular, cualquier lesión menor, puede dejar a un jugador fuera del Mundial.
Dos meses para ordenar el rompecabezas
El seleccionador insiste en que este campamento “no definirá” a Inglaterra. Quedan dos meses para digerir lo visto, extraer conclusiones, ajustar la convocatoria y, sobre todo, rezar por la salud de sus figuras. El mensaje es claro: que vuelvan sanos, que se mantengan sanos y que, cuando llegue junio, pueda elegir “con la lista completa”.
Entonces, y solo entonces, Inglaterra podrá lanzarse de verdad a “perseguir su sueño”. La cuestión es si, con Kane como único faro y tantas piezas aún sin encajar, ese sueño está más cerca de la gloria… o de otra decepción que perseguiría a esta generación durante años.




