Hearts y su lucha por el título: el penalti que nunca llegó
Mucho más de esto y en Edimburgo se agotarán los pulsómetros. Cada partido de Hearts se ha convertido en una prueba de resistencia emocional. Cada entrada, cada despeje, cada balón dividido parece un susto al corazón. Y cada decisión polémica es una mecha encendida.
En Fir Park, ante un Motherwell que conoce bien la dureza de este equipo, todo volvió a explotar.
Un penalti que nunca llegó
Minuto 68. Alexandros Kyziridis cae en el área tras un contacto con Tawanda Maswanhise. Desde la grada visitante, ya se veía el punto de penalti. Parecía la ocasión perfecta para el 1-2, la jugada que podía acercar el título.
Steven McLean dijo que no. Greg Aitken, en la sala VAR, pidió calma y mandó al árbitro a la pantalla. El ritual de siempre. La pausa, las repeticiones, el murmullo que crece en la grada. Pero McLean no se movió un milímetro de su decisión inicial.
“Fue impedido”, protestó después Derek McInnes. “Es una decisión muy pobre. No entiendo por qué no es penalti”. Al otro lado, Jens Berthel Askou vio otra cosa: “No hay suficiente. Hay algún tipo de contacto, pero mínimo. Kyziridis lo hace parecer más de lo que es”.
Dos miradas opuestas sobre la misma jugada. Lo que no admite discusión es el efecto: un estadio incendiado, un banquillo visitante fuera de sí y una carrera por el título que, de repente, parece destinada a resolverse al límite.
Un invicto que duele
Hearts sigue sin perder, sigue sin doblar la rodilla. Pero salió de Fir Park tocado. Dos puntos menos en la mochila y dos jugadores menos para el tramo final. Marc Leonard y el jefe silencioso de la zaga, Craig Halkett, tuvieron que abandonar el campo lesionados. No estarán en los dos últimos encuentros de la temporada.
Al final, los futbolistas caminaron hacia su hinchada, esa mancha granate que no dejó de rugir ni siquiera cuando el empate ya era definitivo. Voces rotas, gargantas pidiendo descanso. Cabezas dando vueltas, intentando convencerse de que un punto fuera de casa, aquí, no es un mal resultado. Más aún sabiendo que Celtic debe pasar por el mismo escenario el miércoles.
¿Buen punto o mala oportunidad perdida? La respuesta no llegará hasta la próxima semana.
Las bajas, sin embargo, son un golpe evidente. McInnes tiene más centrales, pero no otro Halkett. Puede recurrir a Cammy Devlin en lugar de Leonard, aunque el australiano apenas acaba de salir de una lesión. Nadie prometió que este camino fuese sencillo. Casi todos dijeron que Hearts no aguantaría el ritmo hasta el final. Y, sin embargo, ahí sigue. Apretando los dientes. Creyendo.
La vieja costumbre de remontar
En una liga tan imprevisible, Hearts ha encontrado una rutina muy particular: vivir al borde del abismo. Gol en contra tres jornadas atrás ante Motherwell: victoria. Gol en contra dos partidos atrás ante Hibs: victoria. Gol en contra en el último encuentro ante Rangers: victoria.
Y, otra vez, gol en contra frente a Motherwell. Un Motherwell que sabe perfectamente qué tipo de animal competitivo tiene delante, porque lo sufrió en carne propia en la tercera jornada de la campaña, cuando todavía muchos se reían de las ambiciones de Tony Bloom de partir en dos al Old Firm y ganar la Premiership en una década.
Aquel día, Motherwell ganaba 3-0. Acabó pidiendo la hora para salvar un empate.
Eso hace Hearts. Aguanta. Respira hondo cuando está siendo superado en el juego, como ocurrió durante buena parte del primer tiempo en Fir Park. Sobrevive cuando le ganan el duelo físico, como en la primera mitad en Tynecastle ante Rangers el lunes. No entra en pánico. Espera su momento.
Así que cuando Motherwell se adelantó este sábado, no era el escenario deseado, pero sí un territorio conocido.
Shankland, el capitán que sostiene el sueño
En ese paisaje de sufrimiento, hay una constante: Lawrence Shankland. Mientras él esté en el césped, Hearts tiene esperanza. El dato lo resume todo: el equipo ha perdido cinco partidos de liga esta temporada y el capitán solo ha estado en uno de ellos… y marcó en ese.
El lunes, un zurdazo suyo tumbó a Rangers. En Fir Park, un derechazo a quemarropa selló el empate, un remate contundente, de delantero que huele la sangre. Un gol cuyo peso real en la historia de esta temporada aún está por escribirse.
Si Hearts acaba levantando el título, alguien tendrá que encargar un molde para una estatua del capitán. Aunque, en realidad, no necesitaría bronce para ser recordado. Su influencia ya está grabada en la memoria y en el alma de cada aficionado granate. Si. Siempre ese “si” suspendido en el aire.
Con el 1-1, Hearts se lanzó a por el golpe definitivo, el que les habría dejado con la mano casi tocando el trofeo. Y entonces llegó la caída de Kyziridis, justo delante de una grada visitante al borde del colapso nervioso, señalando a Maswanhise como si acabara de cometer el crimen del siglo.
El VAR entró en escena. Cuando McLean caminó hacia el monitor, el rugido de la afición de Hearts sonó como si ya hubieran marcado. Muchos se adelantaron mentalmente un minuto: penalti, Shankland al punto, Shankland gol.
Pero McLean hizo lo que pocos árbitros se atreven a hacer hoy. Miró la pantalla y mantuvo su decisión. No hay penalti.
La reacción fue volcánica. Gestos por todas partes, brazos agitados, un banquillo fuera de control. Paul Sheerin, asistente de McInnes, vio la amarilla en medio del estruendo.
Un final a cuchillo
Quedaba tiempo para el caos. McInnes tiró del banquillo. Pierre-Landry Kabore probó desde fuera y se topó con el portero. Kyziridis cabeceó por encima. Maswanhise pidió un penalti que nunca llegó a ser opción real.
Los dos equipos se enzarzaron como gatos en un callejón. Choques, carreras, duelos a máxima velocidad. La tensión se podía cortar. El partido fue un thriller nervioso, de esos que Hearts ha convertido en costumbre esta temporada. Y no parece que vaya a ser el último.
La distancia hasta la meta es mínima. Lo que puede pasar, enorme.
Ahora llega el siguiente capítulo: Celtic contra Rangers, el domingo. El país mirará ahí. Pero en Edimburgo, entre camisetas granates y corazones acelerados, la pregunta es otra: ¿cuánto más puede aguantar este equipo al borde del colapso sin dejar caer el sueño?




