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Harry Kane falla penalti y Bayern vence a Wolfsburg

El partido cambió en un instante, pero no fue con un gol. Fue con un silencio. Minuto 36, Michael Olise derribado dentro del área por Konstantinos Koulierakis, el árbitro señala el punto fatídico y todo el estadio sabe lo que viene: Harry Kane frente a Kamil Grabara. Veinticuatro penaltis, veinticuatro goles en la Bundesliga. Un trámite, en teoría.

No esta vez.

El capitán de Inglaterra colocó el balón, tomó carrera y, cuando todo el mundo esperaba el desenlace habitual, arrastró el disparo fuera, rozando el poste derecho. Primer penalti fallado por Kane en la máxima categoría alemana. No fue solo sorpresa. Fue conmoción.

Y, casi de inmediato, polémica.

Las repeticiones de televisión mostraron a Jeanuël Belocian pisando de forma aparentemente deliberada el punto de penalti instantes antes del lanzamiento. En la ejecución, Kane pareció perder ligeramente el apoyo justo al golpear el balón. ¿Césped manipulado? ¿Simple mala fortuna? Las imágenes no resolvieron el debate, pero sí mantuvieron vivo el 0-0 al descanso, pese al dominio territorial abrumador de un Bayern que ya olía a campeón impaciente.

Olise rompe la baraja

La frustración empezaba a asomar en el rostro de Vincent Kompany en la banda. Wolfsburg, agazapado, resistía como podía, amenazando a la contra. Tom Bischof había avisado en la primera parte con un latigazo lejano que se estrelló en el larguero y encendió por un momento a la grada local. Pero el plan de Ralph Hasenhüttl tenía fecha de caducidad.

Minuto 56. Olise decidió que ya era suficiente.

Recibió abierto en la derecha, encaró, recortó hacia dentro con esa mezcla de calma y veneno que solo tienen los grandes talentos y soltó un disparo seco, potente, teledirigido al palo largo. Un golpeo limpio, imparable. Grabara voló para la foto, no para la parada. Golazo. Ventaja para Bayern. Y sensación de justicia deportiva tras el asedio del inicio de la segunda mitad.

Ese tanto cambió el paisaje del encuentro. Wolfsburg se vio obligado a salir de su cueva, a adelantar líneas, a exponerse. Lo que en la primera parte habían sido contragolpes peligrosos se convirtieron, tras el 0-1, en ataques previsibles chocando contra una zaga bávara que, por fin, se asentó.

Jamal Musiala rozó el segundo poco después, en una acción marca de la casa, pero esta vez Grabara respondió con reflejos felinos y mantuvo con vida a los Wolves.

Wolfsburg, al borde del precipicio

La derrota duele por sí sola. Pero el contexto la convierte en un golpe casi devastador para Wolfsburg. El resultado les deja sin la posibilidad de asegurar la permanencia por la vía directa de la clasificación liguera. Ya no dependen solo de sí mismos para respirar tranquilos.

Su techo inmediato es ahora conservar la plaza que conduce a la promoción de descenso, el último salvavidas antes de caer a los dos puestos de descenso automático. Todo se jugará en una última jornada de nervios de acero ante St. Pauli, en un Millerntor-Stadion que promete ser una caldera en un duelo a vida o muerte.

Y, aun así, el equipo de Hasenhüttl tuvo sus opciones. En los últimos minutos, cuando Bayern ya pensaba también en gestionar esfuerzos, Mattias Svanberg estrelló un disparo en el poste que hizo contener la respiración a Kompany y a medio Múnich. Unos centímetros más adentro y la narrativa del partido habría sido otra.

La entrega de Wolfsburg no se discute. Su mejoría ofensiva respecto a las últimas semanas, tampoco. Lo que sí quedó en evidencia fue la falta de filo en los metros finales. Y ahí, inevitablemente, flotó sobre el césped la sombra de las ausencias: Mohamed Amoura y Kevin Paredes, fuera de la convocatoria por “razones disciplinarias”. Dos piezas que habrían aportado chispa y desborde en el tramo decisivo y que el equipo echó claramente de menos.

Bayern mira a la DFB-Pokal, Wolfsburg mira al abismo

Para Kompany, la noche terminó con una sonrisa contenida. El Bayern ya había asegurado el título de la Bundesliga en la jornada 30 y, sin la distracción europea tras una temporada fallida en ese frente, este triunfo se lee como el ensayo ideal para la final de la DFB-Pokal ante Stuttgart, el 23 de mayo.

El técnico belga se marchó con algo más que tres puntos: vio a su equipo recuperar solidez defensiva en la segunda parte, gestionar la ventaja con madurez y sobreponerse incluso a un momento tan insólito como un penalti fallado por Kane. Señales de un grupo que, pese a los golpes del curso, aún quiere cerrar el año levantando un doblete doméstico.

En el otro lado, Wolfsburg sale del partido con la sensación de haber peleado contra un gigante… y contra el reloj. Con la permanencia colgando de un hilo y un último examen en St. Pauli que no admite errores, la pregunta ya no es solo si el equipo está preparado futbolísticamente.

La cuestión es si, cuando llegue ese último pitido en el Millerntor-Stadion, tendrá todavía la sangre fría necesaria para seguir perteneciendo a la élite.

Harry Kane falla penalti y Bayern vence a Wolfsburg