El partido en Rams Park Stadyumu se definió por cómo Galatasaray convirtió la posesión en control territorial y emocional del juego. Con un 62% de posesión frente al 38% de Juventus, el plan de Okan Buruk fue claro: mandar con balón desde su 4-2-3-1, acumulando pases (492 totales, 88% de acierto) para instalarse en campo rival. Juventus, desde su 4-3-3, aceptó un rol más reactivo, con solo 304 pases y 80% de precisión, intentando transiciones rápidas. Sin embargo, tras un primer tiempo equilibrado en el marcador, la segunda parte se inclinó totalmente hacia un Galatasaray que, con balón y luego con superioridad numérica, terminó dominando también el espacio.
Eficiencia ofensiva
Los números ofensivos muestran un asedio progresivo de Galatasaray. El conjunto turco terminó con 22 tiros totales por solo 7 de Juventus. De esos 22, 9 fueron a puerta y 16 desde dentro del área, lo que refleja una ocupación constante de la zona de remate y ataques elaborados hasta posiciones francas. El xG de 2.92 respalda un volumen de ocasiones claras muy superior al 1.13 de Juventus.
Los 5 saques de esquina de Galatasaray, igualando los 5 de Juventus, pero con mucha más presencia en área (16 tiros dentro del área frente a 7), indican que los locales no solo llegaban por bandas, sino que sostenían segundas jugadas y rechaces. Juventus, con 3 tiros a puerta y ninguno desde fuera del área (0 tiros desde fuera), dependió casi exclusivamente de llegadas puntuales y acciones aisladas, sin continuidad ofensiva.
La evolución del partido tras el descanso fue clave: con Galatasaray aumentando ritmo y volumen de ataque, la diferencia de tiros (22-7) y la traducción en un 5-2 final reflejan que los locales pasaron de dominio posicional a una contundencia real en el último tercio, explotando la fatiga y la inferioridad numérica rival.
Disciplina defensiva e intensidad
El contraste en la agresividad sin balón fue evidente. Juventus cometió 18 faltas frente a solo 8 de Galatasaray, recibiendo 3 amarillas y 1 roja. La expulsión de Juan Cabal en el 67’ (doble amarilla por faltas) es la culminación de un plan defensivo italiano muy físico, orientado a cortar el ritmo del rival, pero que terminó rompiendo su propia estructura al quedarse con diez.
Galatasaray, con solo 1 amarilla y 8 faltas, defendió más desde la organización y la posesión que desde la interrupción constante. El dato de paradas también es revelador: el portero local solo necesitó 1 intervención, mientras que el guardameta de Juventus realizó 4, señal de que los turcos limitaron al máximo los tiros claros en contra, mientras obligaban al rival a sostener un volumen mayor de acciones defensivas en su área.
La combinación de posesión dominante (62%), alto volumen y calidad de remates (22 tiros, xG 2.92) y una defensa poco exigida (1 parada, 8 faltas) hizo que la eficiencia y el control de Galatasaray se impusieran claramente sobre el plan reactivo y excesivamente agresivo de Juventus.





