Diego Simeone: El peso de 15 años en el Atlético de Madrid
Diego Pablo Simeone se sienta, mira atrás y no se esconde. Quince años después de su aterrizaje en el banquillo del Atlético de Madrid, el argentino habla de peso, de desgaste, de presión… y de cómo ganar ha dejado de ser una fiesta para convertirse en una necesidad casi angustiosa.
La eterna discusión sobre su estilo de juego reaparece en cada entrevista. Él la corta de raíz con una idea sencilla: todos buscan lo mismo. Ganar. Luego llega el dardo. ¿Cuántos de esos “puristas” del ataque podrían mantener su propuesta en otros clubes sin encajar una catarata de goles? La pregunta queda flotando, cargada de ironía.
El peso de 15 años
Simeone reconoce que el tiempo le ha cambiado la espalda y la cabeza. “Todo este peso que siento ahora después de 15 años, no lo sentía en las primeras tres o cuatro temporadas”, admite. Entonces se sentía libre, ligero. “Estaba suelto y tranquilo, ganar era un placer, pero hoy es solo un alivio”. La frase retrata a un entrenador que ya no celebra, respira.
“Estamos sufriendo porque hemos llevado al club a un lugar donde estamos más expuestos y bajo una presión enorme”, confiesa. Ese es, para él, el peaje del éxito: cuanto más alto sube el Atlético, más estrecha se vuelve la cuerda.
Competir contra gigantes
El argentino vuelve sobre una idea que repite desde hace años: en España, el margen de error del Atlético es mínimo. Frente a Real Madrid y Barcelona, la exigencia es otra. “Un gol les basta para ganar, porque Mbappé o Lamine Yamal pueden aparecer de repente y marcar”, subraya. A ellos les alcanza con un chispazo. Al Atlético, no.
“Para nosotros, dar el máximo esfuerzo no es suficiente para ganar, porque Barcelona y Real Madrid rara vez están por debajo de su nivel al mismo tiempo”. La frase encierra una realidad incómoda: mientras los gigantes pueden permitirse noches grises, el Atlético debe rozar la perfección para sostenerse en la pelea.
El silencio sobre Julián Álvarez
En medio del ruido por el futuro de Julián Álvarez y su supuesto encaje en la órbita del Barcelona, Simeone opta por la vía más elocuente: callar. Desvía el foco, esquiva cualquier valoración sobre la postura de su compatriota y se refugia en otros asuntos: la solidez defensiva, la responsabilidad, la lucha diaria con Real Madrid y Barcelona.
Ese silencio no suena improvisado. Parece una maniobra calculada para tomar distancia del debate sobre su joven delantero, ya sea su adaptación al modelo del equipo, el papel que se espera de él la próxima temporada o incluso la posibilidad de un traspaso a un rival directo. Simeone sabe que una palabra de más puede incendiar un vestuario o una negociación.
Un Atlético que debe volver a defender
Cuando mira hacia la próxima temporada, el técnico lanza primero un mensaje de calma a la afición rojiblanca. Confía en la estructura del club. “El club está haciendo esfuerzos incansables, y todavía queda mucho tiempo hasta el 1 de septiembre”, recuerda. La fecha límite del mercado aún está lejos; el Cholo pide paciencia.
Su fe en la directiva se mantiene intacta: “Confío en que la dirigencia del club de Madrid me dará las herramientas necesarias para competir, como siempre lo ha hecho”. Lo dice sin grandilocuencia, como quien habla de una rutina ya conocida.
Luego llega su petición más concreta, casi una exigencia táctica: “Me gustaría que recuperáramos la solidez defensiva que perdimos, porque la temporada pasada, sobre todo en la Champions League, tuvimos un rendimiento defensivo muy pobre”. El diagnóstico es duro, pero exacto. El Atlético que conquistó Europa desde el orden atrás se vio desfigurado en demasiadas noches grandes.
“Llegamos a la semifinal, así que imaginen cómo tuvimos que atacar, algo que nadie valora porque somos Atlético de Madrid”, añade. El matiz es importante: el equipo se vio obligado a abrirse, a asumir riesgos, a atacar mucho más de lo que dicta el cliché sobre el Cholo. Y aun así, la etiqueta de equipo defensivo sigue pegada a su escudo.
No se queda ahí. Reclama también más gol desde la segunda línea. Señala a los centrocampistas: deben aparecer más en el área, sumar, decidir partidos.
Griezmann, algo más que una estrella
Cuando la conversación gira hacia Antoine Griezmann, el tono de Simeone cambia. Se ablanda. “Soy muy afortunado. Construimos una relación maravillosa, mis hijas son amigas de sus hijos, he tenido la oportunidad de trabajar con un genio, me emociono profundamente cuando hablo de él”. No es un elogio al uso, es una declaración de afecto.
En un fútbol cada vez más frío, esa conexión entrenador-jugador se ha convertido en uno de los pilares del proyecto. Griezmann es la pieza que une la pizarra con la calle, el talento con el sacrificio. Y Simeone lo sabe.
No se trata de récords
Al final, surge la pregunta inevitable: ¿qué lo mantiene en pie después de tanto tiempo, tanta tensión, tanta crítica? Simeone descarta de inmediato la persecución de récords. No le mueve alcanzar las cifras de permanencia de Wenger o Ferguson. Habla de otra cosa: energía y humildad. La voluntad de seguir compitiendo cada día como si acabara de llegar.
Su objetivo es más concreto y, a la vez, más ambicioso: reducir aún más la distancia entre los títulos de Liga del Atlético. Antes de su llegada en 2011, el club había pasado 18 años sin coronarse. Con él en el banquillo, el hueco se redujo a siete años entre la Liga de 2014 y la de 2021.
La pregunta ahora no es si el Cholo ha cambiado la historia del Atlético. Eso ya está escrito. La cuestión es otra: cuánto tiempo más podrá sostener ese peso que él mismo ha ayudado a crear. Y, sobre todo, cuánto tardará en volver a romper la hegemonía de Real Madrid y Barcelona.




