logo

La derrota del Real Madrid ante el Betis: el regreso de Troy Parrott

El segundo mandato de José Mourinho en el banquillo del Real Madrid venía lanzado. Tres jornadas, tres victorias en LaLiga, cuatro goles a la Real Sociedad, cuatro al Málaga, sensación de equipo arrollador. Y, de repente, frenazo en seco en Sevilla.

En La Cartuja, el Real Betis de Manuel Pellegrini firmó un 1-0 que no sólo cortó la racha blanca, también rescató un viejo capítulo de la historia personal de Mourinho. Para rematar la noche, Kylian Mbappé falló un penalti en los minutos finales y terminó de agrandar el golpe.

El protagonista del partido no fue ni el técnico portugués ni su estrella francesa. El foco se lo llevó un delantero que Mourinho conocía demasiado bien: Troy Parrott.

El zarpazo de Parrott en La Cartuja

El único gol llegó a nueve minutos del final. Pablo Fornals botó un córner desde la derecha, Nelson Deossa cabeceó con potencia y Thibaut Courtois respondió con una parada espectacular. Parecía la acción que sostendría al Madrid. Pero el balón quedó suelto.

Ahí apareció Troy Parrott. El delantero irlandés atacó el rebote con decisión y fusiló arriba, sin contemplaciones. Gol y estallido verdiblanco en La Cartuja.

No era un tanto cualquiera. Era su primer gol en LaLiga, la carta de presentación ideal para un jugador de 24 años al que el Betis fichó tras dos temporadas demoledoras con el AZ en la Eredivisie, en las que firmó 20 tantos. Un finalista inesperado para una noche cargada de nombres propios.

Porque Parrott no nació futbolísticamente en Países Bajos. Se formó en la cantera del Tottenham, donde dio su primer paso en la élite en 2019. ¿Quién le hizo debutar en la Premier League? José Mourinho.

Mourinho, Parrott y una lección que volvió

La relación entre ambos se forjó en Londres. En marzo de 2020, una plaga de lesiones dejó a Mourinho sin delanteros en el Tottenham. Parrott era el único punta sano. La grada pedía su titularidad, el ruido crecía alrededor del joven irlandés, pero el técnico portugués pisó el freno.

Mourinho explicó entonces que no quería que el chico creyera que estaba "por encima" del equipo sub-23. Le lanzó un mensaje directo: cada vez que jugara con los de su edad, debía demostrar por qué era el privilegiado, algo que, según el entrenador, no estaba haciendo.

"Cada vez que jugaba con los chicos, lo hacía con la mentalidad de ‘no debería estar aquí’ o ‘soy demasiado bueno para estar aquí’", detalló Mourinho. Le exigía humildad, compromiso y entender el proceso. Ni concesiones al hype ni atajos.

El contexto cambió de golpe con la llegada de la pandemia de coronavirus. La competición se detuvo, las opciones inmediatas de Parrott con el primer equipo se evaporaron y, al curso siguiente, el delantero se marchó cedido al Millwall, la primera de varias salidas a préstamo.

En agosto de 2020, ya como jugador del Millwall, Parrott dejó claro que no guardaba rencor. Al contrario, interpretó aquellas palabras como una guía.

Reconoció que, con la experiencia y el palmarés de Mourinho, tenía que aceptar la crítica, asumirla "de frente" y trabajar en silencio en los entrenamientos. Habló con el cuerpo técnico, con compañeros, buscó qué debía mejorar. Valoró especialmente que el portugués hubiera trabajado con algunos de los mejores delanteros de la historia y consideró sus consejos como una ayuda, no como un castigo.

La noche en que el pasado alcanzó a Mourinho

Años después, esa lección regresó en forma de golpe directo a las aspiraciones ligueras del propio Mourinho. El mismo chico al que había frenado, moldeado y enviado a foguearse lejos de Londres apareció en Sevilla para firmar una victoria histórica del Betis ante el Real Madrid.

El rebote que Parrott cazó en La Cartuja no sólo dio tres puntos a los de Pellegrini. También dejó una imagen poderosa: el alumno que, tras un largo recorrido por cesiones, cambios de liga y maduración silenciosa, se cruzó con su antiguo maestro y le clavó un puñal en plena carrera por el título.