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Derek McInnes inicia su era en Rangers: presión y nuevas jerarquías

La nueva era en Rangers arranca con una mezcla conocida en Ibrox: ilusión, presión y la incómoda sensación de que el margen de error es mínimo. Derek McInnes, que como jugador lo ganó prácticamente todo con la camiseta azul, ha llegado para reinstalar esa cultura ganadora… aunque eso signifique que más de uno se sienta incómodo desde el primer día.

Fernandez, del “Rolls Royce” a la línea roja

Uno de los focos está en Emmanuel “Manny” Fernandez. El central firmó una primera temporada brillante: elegante con el balón, sereno bajo presión y dominante en las dos áreas. Un “Rolls Royce” defensivo, como se le ha etiquetado, capaz de mandar atrás y convertirse en amenaza constante en los balones aéreos.

Pero su juego tiene una grieta. Alguna que otra desconexión, un exceso de confianza que le empuja a adornarse de más. Un par de giros al estilo Cruyff en zonas prohibidas y el riesgo se dispara. Con McInnes en el banquillo, ese tipo de licencia artística puede salir carísima. El nuevo técnico no ha llegado para tolerar sustos en la salida de balón; ha llegado para ganar. Y rápido.

Fernandez comparte ahora el eje de la zaga con Ben Godfrey, cedido por Atalanta, en el corazón de una defensa totalmente remodelada. Detrás de ellos, el nuevo guardián: Ivor Pandur, fichaje de 6 millones de libras, heredero directo del puesto de Jack Butland. A los lados, continuidad y fiabilidad: Dujon Sterling y Tuur Rommens apuntan a dueños del carril.

Un mercado frenético y una plantilla aún incompleta

Rangers ha firmado a medio equipo en pocas semanas, pero la sensación es que todavía faltan piezas clave. El club ha acumulado centrocampistas hasta casi saturar la zona ancha, aunque sigue echando en falta ese futbolista distinto, el que rompe defensas cerradas y cambia partidos con una jugada.

La lesión en el hombro de Thelo Aasgaard, sufrida en el último amistoso ante West Ham, encendió las alarmas y dejó aún más al descubierto la fragilidad de la plantilla en las bandas. El noruego se ha recuperado a tiempo y todo apunta a que ocupará uno de los costados en el estreno liguero, con Djeidi Gassama en la otra orilla. Una solución de urgencia mientras la dirección deportiva sigue rastreando extremos en el mercado.

La necesidad de reforzar el banquillo de Tuur Rommens también está sobre la mesa. McInnes sabe que una temporada larga, con Europa y la liga apretando desde el inicio, no se puede encarar con tan poco margen en posiciones clave.

Mientras tanto, en las grandes ligas del continente el ritmo es otro. Los clubes de las cinco grandes competiciones viajan por el mundo en giras de pretemporada, se permiten el lujo de esperar el momento perfecto para cerrar un fichaje tipo Nico Raskin y no sienten el látigo de unas previas europeas que en Escocia condicionan absolutamente todo. Aquí, en cambio, la ventana se abre y los equipos ya necesitan tener casi todo resuelto.

McInnes y el arte de incomodar al vestuario

McInnes conoce la casa y su peso específico. En los 90, sus Rangers vivían instalados en la obligación de ganar cada fin de semana. Ahora quiere recuperar ese estándar. No se trata solo de sistema o pizarra; se trata de mentalidad. Y si eso implica que sus jugadores vivan con una incomodidad permanente, mejor.

El técnico lo ha dejado claro: quien no soporte ese nivel de exigencia, no tiene sitio. El recuerdo de los últimos Rangers, cuestionados por su carácter en los momentos decisivos, planea sobre esta plantilla. El nuevo jefe quiere cortar de raíz cualquier atisbo de conformismo.

En el banquillo, al menos, podrá estar desde el primer día. McInnes ha recurrido la sanción de cuatro partidos impuesta por la SFA por sus declaraciones al final de la pasada temporada cuando aún dirigía a Hearts. Eso le permite comandar desde la línea de cal en el estreno liguero. Con una advertencia implícita: tendrá que medir sus reacciones. Nick Walsh será el árbitro principal, con Calum Spence y Jonathan Bell en las bandas, Peter Stuart como cuarto oficial y Steven McLean al frente del VAR, asistido por Gary Hilland.

Shankland, brazalete nuevo y un rompecabezas táctico

El gran debate de la semana ha girado alrededor de Lawrence Shankland. Nuevo capitán, nuevo referente y viejo dilema: ¿cómo encajarlo en el once junto a Youssef Chermiti?

Todo indica que McInnes apostará por un frente de ataque de dos puntas. Shankland, con libertad para caer unos metros atrás, y Chermiti ocupando la zona más adelantada. Un 9 y un 7 compartiendo responsabilidades, con el primero asumiendo un rol ligeramente más retrasado para conectar con el mediocampo y arrastrar marcas.

Detrás de ellos, Dan Neil y Cammy Devlin formarán el motor del equipo. El primero, procedente de Sunderland, llamado a aportar criterio y distribución. El segundo, llegado desde Hearts, especialista en el desgaste, la presión y el ritmo alto. Una pareja pensada para sostener el plan agresivo de McInnes sin perder equilibrio.

Mohamed Diomande puede aparecer en la derecha, con licencia para meterse por dentro y liberar el carril para las subidas del lateral. Aasgaard, por la izquierda, es el comodín que se ha ganado su oportunidad: recortó sus vacaciones tras el Mundial para presentarse antes de tiempo y pelear por un lugar. Con la búsqueda de extremos aún abierta, su compromiso le ha abierto una puerta que quizá no se cierre tan rápido.

Naderi, el ‘plan B’ que no quiere ser secundario

En medio de tanto nombre nuevo, uno que ya estaba pide sitio: Ryan Naderi. El alemán llegó en enero desde Hansa Rostock, en la tercera categoría de su país, después de que Rangers pagara una suma importante para arrebatárselo al club del norte. Su aterrizaje fue ilusionante, pero las lesiones frenaron en seco su progresión.

Cuando ha estado sano, Naderi ha ofrecido algo distinto. Altura para intimidar en las dos áreas, trabajo incansable sin balón, carreras a por balones que parecían perdidos y un espíritu de presión que recuerda, en ciertos aspectos, al de Kenny Miller en sus mejores días, cuando formaba sociedad con Kris Boyd.

Esta noche parte por detrás de Shankland y Chermiti, que apuntan a titulares. Sin embargo, el alemán ya sabe lo que es marcarle al rival de turno y se ve preparado para irrumpir desde el banquillo y reclamar minutos. No quiere ser solo un recurso puntual. Quiere discutir el reparto de papeles en la delantera.

Un verano agitado, un once en construcción

El verano en Ibrox ha sido un torbellino. Danny Rohl se despidió con un trámite ante Falkirk que cerró una temporada irregular. Pocas semanas después, McInnes se sentaba en el banquillo con una misión clara y una plantilla prácticamente desmontada.

Hasta ahora han llegado ocho caras nuevas, la última el defensa sudafricano Olwethu Makhanya, procedente de Philadelphia Union. De momento, le tocará esperar su oportunidad desde el banquillo. También aguardan su debut Dan Neil, Ross McCrorie y Vanja Dragojevic, preparados para estrenarse con la camiseta azul cuando el técnico lo considere.

El primer examen no admite excusas: Dundee United, en Tannadice, bajo los focos del partido inaugural. El recuerdo del inicio del curso pasado todavía escuece. Entonces, con otro entrenador recién llegado, Russell Martin, y otra oleada de fichajes, Rangers se dejó dos puntos en un empate amargo en Fir Park ante el Motherwell de Jens Berthel Askou, también debutante en la banda y con un equipo en plena transición.

La sensación de déjà vu es inevitable. Nuevo entrenador, nuevo capitán, medio equipo renovado y un desplazamiento incómodo para abrir fuego. La diferencia es que McInnes no parece dispuesto a conceder coartadas.

La temporada se abre paso, el balón está a punto de rodar y la pregunta es directa: ¿será este amanecer en Ibrox realmente nuevo… o solo otro amanecer falso en un club que ya no se puede permitir más promesas incumplidas?