Conor Gallagher, clave en el nuevo Tottenham
En Sídney, a más de 17.000 kilómetros del norte de Londres, Conor Gallagher habló como lo que ya es en Tottenham: una pieza central que ha pasado de la duda al convencimiento. Mañana, en el Accor Stadium, le espera un escenario imponente: 80.000 personas y un amistoso que no lo parece tanto, un Tottenham–Chelsea fuera del Reino Unido por primera vez.
De las críticas al peso específico
Su aterrizaje en el club no fue plácido. Tras llegar procedente de Atlético de Madrid en enero, una parte de la afición de Tottenham señaló sus actuaciones en los primeros meses. El equipo sufría, él no encontraba su sitio y el juicio fue rápido.
El giro llegó con De Zerbi. El italiano le devolvió confianza, le recordó el futbolista que había sido en Chelsea y le colocó en una zona del campo donde su energía marca diferencias. El resultado se vio en el tramo final del curso: un gol clave en el campo de Aston Villa y un papel protagonista en la permanencia del equipo en la Premier League.
Gallagher lo asume sin rodeos: la irrupción del nuevo técnico cambió su dinámica. Se sintió más fuerte físicamente, más liberado, más él.
Un diez con alma de todo terreno
En esta pretemporada, la pizarra de De Zerbi le ha ido empujando hacia la mediapunta. Ha actuado como número 10, tanto en el cierre del curso pasado como en los amistosos de este verano, pese a la llegada de dos mediocentros de alto coste para las posiciones de número ocho.
No se queja. Todo lo contrario. Asegura que se siente cómodo en cualquier zona del centro del campo, ya sea en la mediapunta o en el doble pivote. Pero hay algo en ese rol más adelantado que encaja con su instinto: correr hacia adelante, presionar alto, liderar la primera línea de presión. Ahí se reconoce, ahí disfruta.
La idea es clara: utilizar su motor inagotable para encender al equipo desde arriba.
Un vestuario renovado y con hambre
Tottenham ha movido ficha en el mercado. Han llegado “grandes fichajes”, como los define el propio Gallagher, y no solo por la calidad con el balón. El inglés subraya otro matiz: el carácter. “Buenos chicos”, insiste, un detalle que para él es tan importante como el talento.
El vestuario sale de una temporada durísima. El desgaste fue evidente, tanto en lo deportivo como en lo anímico. Ahora el tono ha cambiado. El grupo se siente más fuerte, más decidido a corregir el rumbo. La palabra que más se repite en boca de Gallagher es “hambre”. Hambre de mejorar, de competir, de borrar la imagen del último curso.
La competencia en el medio, lejos de incomodarle, le parece una obligación en un club de este tamaño. Si no hay pelea por el once, algo falla. Él la acepta como parte natural del contexto de élite.
De Simeone a De Zerbi: dos miradas, una misma conclusión
Gallagher no olvida su etapa en Atlético de Madrid ni la influencia de Diego Simeone. Habla de él con respeto absoluto, como un entrenador “increíble” por lo que ha construido allí. Dos técnicos muy distintos, dos ligas, dos estilos. Un punto en común: la gestión de la confianza.
El centrocampista reconoce que atravesó un momento bajo. No jugaba bien, lo sabía. De Zerbi, que le había sufrido en la Premier cuando él estaba en Chelsea y el italiano en Brighton, vio más allá del bache. Sabía qué podía darle y qué necesitaba para recuperar su mejor versión. Le devolvió la fe en su propio juego. Ese, dice Gallagher, ha sido el gran cambio.
Su confianza actual no nace de cómo terminó su etapa en Chelsea, sino del simple hecho de encadenar partidos, sentirse fuerte, sumar buenas actuaciones. El fútbol, para él, es ritmo y sensaciones.
Un ambiente distinto, la misma base
El discurso de Gallagher no vende una revolución total. Reconoce que el equipo sigue teniendo muchas de las mismas caras que el año pasado, algo que valora. Lo que ha cambiado es el aire. Habla de “nuevo comienzo”, de caras nuevas, de una forma diferente de jugar, de un mensaje que se está asentando en la pretemporada.
Los entrenamientos en Australia han sido, según él, mucho más disfrutables que el final del curso anterior. El equipo ha trabajado bien, los partidos de preparación han dejado buenas sensaciones y el grupo se muestra de buen humor. Se nota en el día a día, se ve en los gestos.
El objetivo de estas semanas ha sido uno: que todos entiendan la idea de juego y lo que pide De Zerbi. Llegar al inicio de la temporada con un plan claro.
Referente para los que vienen detrás
A sus 26 años, Gallagher empieza a mirarse en el espejo de otra manera. Se ve reflejado en los jóvenes que suben, porque hace nada era él quien ocupaba ese lugar, con 18 o 19 años y la misma mezcla de ilusión y nervios.
Ahora intenta marcar el camino. Habla de estándares, de profesionalidad, de comportarse de forma ejemplar dentro y fuera del campo. Quiere ayudarles, guiarles, mostrarles qué exige un club como Tottenham.
Mañana, ante Chelsea y ante un estadio lleno en Sídney, tendrá otra oportunidad para reforzar ese nuevo papel. Ya no es solo el centrocampista que llegó entre dudas. Es uno de los termómetros de este Tottenham que busca dejar atrás el sufrimiento y empezar, por fin, a parecerse al equipo que quiere ser.




