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Carlos Cordeiro dimite como asesor de FIFA en protesta por el plan FFE

Carlos Cordeiro, uno de los asesores más cercanos del presidente de FIFA Gianni Infantino, ha decidido irse dando un portazo. Su dimisión, hecha pública en un comunicado exclusivo a Sky News, llega como protesta frontal al plan para abrir una consulta sobre la venta de participaciones del negocio comercial de la Copa del Mundo a inversores privados.

“Como asesor sénior del presidente de FIFA, exbanquero y aficionado al fútbol de toda la vida, no puedo quedarme de brazos cruzados mientras FIFA considera vender una participación en la Copa del Mundo”, afirmó. Y remató: “No tuve ninguna implicación en esta propuesta y me opongo de forma inequívoca. Es un mal negocio para las asociaciones miembro de FIFA, un mal negocio para el fútbol y un mal negocio para el futuro a largo plazo del juego”.

La frase pesa. Y llega en el peor momento posible para Infantino.

Tormenta política contra el plan FFE

La dimisión de Cordeiro estalla horas después de que FIFA, el organismo que gobierna el fútbol mundial, emitiera de madrugada un comunicado defendiendo su proyecto. El mensaje central: “nadie está vendiendo el fútbol”. El problema es que el plan sigue vivo. Y la resistencia también.

En el centro del huracán está la propuesta de crear FIFA Forward Enterprise (FFE), una nueva entidad comercial en la que un grupo inversor, liderado por Thrive Eternal —fundada por Joshua Kushner, cuñado político del expresidente estadounidense Donald Trump—, aspira a tomar una participación minoritaria. La joya de la corona: parte del negocio de la Copa del Mundo masculina y femenina.

FIFA insiste en que se trata de un mecanismo para que las asociaciones miembro “tomen una participación significativa en la oportunidad comercial del fútbol en sus respectivos países” sin sacrificar “el espíritu ni la gobernanza de FIFA o del fútbol en sí”. La frase clave del comunicado: “Nadie está vendiendo el fútbol. Esto no es algo que FIFA contemplaría jamás”.

El problema es que casi todo el planeta balompédico ha respondido con un rotundo “no”.

UEFA, CONCACAF y AFC se plantan

El jueves, las 55 asociaciones miembro de UEFA dieron el paso más duro posible: anunciaron que no participarán en ningún torneo de FIFA mientras el plan siga sobre la mesa.

Su postura, en sus propias palabras, es “unánime e inequívoca”. El mensaje no deja resquicios: “Ninguna selección nacional de UEFA participará en ninguna competición de FIFA mientras estas propuestas sigan vivas, a menos que la propuesta haya sido abandonada en su totalidad y se hayan dado garantías vinculantes de que FIFA nunca volverá a abrir su gobernanza o sus competiciones a la propiedad privada”.

CONCACAF, que agrupa a 41 países de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, también ha dejado clara su oposición, afirmando que “rechaza la propuesta”. Las ligas europeas y mundiales se han sumado al rechazo, temiendo que el impulso comercial empuje a FIFA a organizar torneos más grandes y más frecuentes, devorando aún más los calendarios domésticos.

El golpe más simbólico llega desde Asia. La Asian Football Confederation (AFC), tradicional bastión de apoyo a Infantino y que representa a 47 federaciones, se alineó con UEFA y CONCACAF y exigió a FIFA “una revisión urgente de su gobernanza”. Su comunicado roza el terreno personal y supone un giro claro en la relación con el presidente, al que su actual máximo dirigente, el jeque Salman, ya se enfrentó en las elecciones de 2016.

La cifra lo dice todo: las confederaciones que representan a 143 de las 211 asociaciones miembro de FIFA se han posicionado en contra del plan.

Un comunicado a oscuras y un presidente bajo presión

En su nota, FIFA intenta rebajar la tensión: “Hemos escuchado las opiniones de las respectivas confederaciones (…) y reafirmamos nuestro compromiso con una consulta abierta y democrática”. El organismo insiste en que el proceso se vio “interrumpido por informaciones incorrectas en los medios” y anuncia que seguirá adelante para que cada federación “pueda expresar su voto basándose en hechos”.

El matiz no pasa desapercibido: FIFA habla de desinformación mediática, pero no retira el proyecto. Y, sobre todo, el comunicado evita mencionar a Infantino por su nombre.

Desde Zúrich, la lectura es que el presidente intenta presentar todo como un simple ejercicio democrático: se consulta, se vota, si no sale adelante, no ha pasado nada. Sin embargo, la oposición ya no se centra solo en el contenido del plan, sino en el modo en que se ha gestado y comunicado.

La AFC lo expresa con dureza: “La democracia significativa no se mide únicamente por la oportunidad de votar. Comienza con una gobernanza transparente, una consulta oportuna, una deliberación informada y una participación genuina a lo largo de todo el proceso de toma de decisiones”. Y reclama a FIFA una “revisión urgente” de su marco de gobernanza y de sus procesos de decisión para propuestas “de importancia global”.

El mensaje, traducido al lenguaje político del fútbol, es claro: el modelo de poder de Infantino está bajo escrutinio.

El riesgo de una Copa del Mundo sin Europa

Detrás de la batalla institucional se esconde un cálculo económico delicado. El proyecto FFE se sostiene sobre la promesa de retornos multimillonarios para las asociaciones nacionales. Pero esa promesa se tambalea si las Copas del Mundo masculina y femenina se juegan sin selecciones europeas.

Ni siquiera un apoyo mayoritario de las 211 federaciones al plan podría compensar el impacto comercial de un Mundial sin UEFA. Y eso lo saben tanto los inversores como las propias asociaciones que aún dudan.

Las ligas, tanto en Europa como en el resto del mundo, temen otro efecto colateral: que la presión por maximizar ingresos fuerce a FIFA a seguir expandiendo el calendario internacional con más torneos, más partidos, más ventanas. Menos espacio para las ligas nacionales, más fricción con clubes y jugadores.

En medio de todo esto, la dimisión de Cordeiro añade una capa moral al conflicto. No se marcha cualquiera: se va un asesor directo del presidente, con perfil financiero, que conoce el negocio y que, precisamente por eso, califica el plan de “mal negocio” para el fútbol.

Infantino, contra la pared

La crisis ya no es solo un pulso sobre un vehículo comercial. Es un cuestionamiento abierto del liderazgo de Gianni Infantino.

Desde el entorno de FIFA se insiste en que todo forma parte de un proceso normal de consulta, que los 211 miembros decidirán y que, si el plan cae, quedará como una tormenta pasajera. Pero la lectura que se hace en muchas confederaciones es distinta: ven a un presidente desconectado del sentir general, atrincherado en la idea de que la prensa es la culpable del incendio y no el propio proyecto.

Mientras tanto, los medios que destaparon la historia —The Times y Financial Times, citados en el análisis— han defendido la exactitud de sus informaciones, y el terremoto que han provocado confirma el impacto de lo publicado.

Infantino ha salido de situaciones complicadas antes. Esta vez, sin embargo, se enfrenta a algo distinto: una rebelión coordinada de confederaciones, la amenaza de boicot a sus competiciones estrella, una figura de su propio círculo íntimo que abandona el barco y un modelo de gobernanza cuestionado desde dentro.

La consulta sobre FFE seguirá su curso, según FIFA. La pregunta es si el presidente tendrá todavía el respaldo político suficiente cuando llegue el momento de votar. Porque, en este punto, ya no se trata solo de vender o no una parte del negocio de la Copa del Mundo. Se trata de quién manda realmente en el fútbol mundial y hasta dónde está dispuesto el resto del planeta a seguirle el juego.