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Brenden Aaronson se casa antes del Mundial

En Fayetteville, Georgia, la sesión de entrenamiento de la selección de Estados Unidos tuvo una ausencia llamativa, pero nadie levantó una ceja. Brenden Aaronson no estaba lesionado ni sancionado. Estaba en su boda.

El centrocampista, que milita en el Leeds y forma parte de la convocatoria mundialista de Estados Unidos, se casó el viernes con su pareja de toda la vida, Milana D’Ambra, hija del entrenador del equipo masculino de fútbol de Saint Joseph’s, Don D’Ambra. Un permiso especial, sí, pero con un peso muy distinto al de cualquier otro compromiso.

Aaronson abandonó la concentración después del entrenamiento del jueves, con el visto bueno del cuerpo técnico, y tenía previsto reincorporarse a tiempo para la sesión del sábado. Un paréntesis íntimo en plena cuenta atrás hacia el gran torneo, medido al minuto para no alterar la preparación.

A sus 25 años, el jugador del Leeds en la Premier League representa a una de las familias más reconocibles del fútbol estadounidense, originaria de Medford, New Jersey. El apellido Aaronson ya suena a saga: su hermano Paxten juega en Colorado Rapids de la Major League Soccer, mientras que su hermana Jaden disputó su primera temporada universitaria el pasado otoño con Villanova. Su padre, Rusty, es el director deportivo de la academia Real Futbol Academy en Medford, el lugar donde empezó a forjarse este árbol genealógico futbolero.

No es la primera vez que el entorno de la selección de Estados Unidos abre una pequeña ventana a la vida personal de sus estrellas. En 2016, el equipo ya permitió a Christian Pulisic saltarse un entrenamiento para asistir a su baile de graduación de Hershey High School, en el Hershey Hotel de Pennsylvania, antes de regresar a tiempo para el partido de la Copa América ante Bolivia en Kansas City, Kansas.

Entre un baile de graduación y una boda, la selección estadounidense vuelve a mostrar que, incluso en plena exigencia mundialista, todavía hay espacio para los momentos que marcan una vida. Y Aaronson, esta vez, no falló a ninguno de los dos equipos que le acompañan: el de la cancha y el del resto de su vida.

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