El partido en el San Siro se definió como un ejemplo perfecto de “dominio estéril” castigado por un plan de contraataque clínico. Inter monopolizó la pelota con un 71 % de posesión frente al 29 % de Bodo/Glimt, instalándose durante largos tramos en campo rival gracias a su 3-5-2 y a los 598 pases completados con un 87 % de acierto. Sin embargo, el control del espacio fue noruego: el 4-3-3 de Kjetil Knutsen se replegó en bloque medio-bajo, cerró el carril central y esperó el momento para salir rápido. Con menos balón pero más claridad en las transiciones, Bodo/Glimt orientó el partido hacia el escenario que le convenía.
Eficiencia ofensiva
Los números de tiro describen a la perfección el guion: Inter terminó con 30 remates totales, de los cuales 26 fueron dentro del área, pero solo 7 encontraron portería. Pese a generar 16 saques de esquina, la producción se quedó en un único gol y un xG de 2.15, reflejando un equipo insistente pero poco preciso en la definición y en la elección del último pase. La acumulación de centros y remates en masa, más que ataques elaborados, sugiere un asedio algo caótico ante un bloque bien organizado.
En contraste, Bodo/Glimt fue el paradigma de la eficiencia. Apenas 7 tiros en todo el encuentro, con 5 a puerta y un xG de 1.74, le bastaron para convertir dos goles y maximizar casi cada llegada. El dato de solo 1 córner evidencia que no necesitó largas secuencias de ataque posicional, sino pocas salidas verticales bien ejecutadas desde su mediocampo de tres. La conexión entre la línea ofensiva y los interiores permitió que cada transición tuviera amenaza real, castigando las pérdidas de Inter y los espacios a la espalda de su estructura adelantada.
Disciplina defensiva e intensidad
Pese a tratarse de un duelo eliminatorio de UEFA Champions League, el partido no fue especialmente bronco: 11 faltas cometidas por Inter y 9 por Bodo/Glimt, con una sola tarjeta amarilla, muestran un choque más táctico que físico. La agresividad de los italianos se canalizó más en la presión y en la acumulación de hombres en campo rival que en entradas duras.
En portería, las cifras de paradas refuerzan la narrativa: Nikita Haikin realizó 6 intervenciones (7 tiros a puerta de Inter menos el gol encajado), sosteniendo el plan de su equipo en los momentos de mayor asedio. Al otro lado, Yann Sommer apenas registró 3 paradas ante 5 disparos a puerta, señal de que las ocasiones noruegas fueron muy limpias y difíciles de neutralizar. Los 7 tiros bloqueados por Inter, frente a 0 de Bodo/Glimt, indican además que los italianos se vieron obligados a lanzar desde zonas congestionadas, mientras que los visitantes encontraron líneas de tiro más despejadas.
Conclusión
En definitiva, la eficiencia clínica de Bodo/Glimt y su manejo de las transiciones superaron el dominio posicional de Inter. El 71 % de posesión y los 30 remates locales se transformaron en “dominio estéril”, mientras que la compacidad defensiva y el aprovechamiento máximo de 7 tiros permitieron a los noruegos imponer su plan y llevarse la eliminatoria.





