El partido en el Estádio da Luz se definió como un duelo entre el control del balón de Real Madrid y el intento de control del espacio de Benfica. El equipo de Alvaro Arbeloa manejó el juego con un 58% de posesión y 624 pases totales con un 88% de acierto, imponiendo un ritmo pausado pero autoritario en campo rival. Benfica, con un 42% de posesión y 444 pases al 80% de precisión, aceptó un rol más reactivo desde su 4-2-3-1, intentando juntar líneas y salir a partir de Rafa Silva y V. Pavlidis, pero le costó sostener secuencias largas de ataque.
Eficiencia ofensiva
La superioridad ofensiva de Real Madrid fue clara en volumen y en zonas de finalización. Los visitantes firmaron 16 tiros totales frente a los 10 de Benfica, con 7 remates a puerta y 11 disparos dentro del área, lo que revela una ocupación constante de la zona de peligro y una circulación paciente para encontrar el pase interior. El xG de 0.89, aunque no altísimo, indica llegadas de peligro medio-alto, coherentes con un plan de madurar las jugadas más que de bombardear desde lejos (solo 5 tiros desde fuera).
Benfica, en cambio, mostró un ataque demasiado intermitente. Sus 10 disparos se repartieron en 4 dentro del área y 6 desde fuera, apoyados apenas por 3 saques de esquina. Con solo 3 tiros a puerta y un xG de 0.47, el conjunto de Jose Mourinho fue incapaz de transformar sus fases de presión o sus transiciones en ocasiones claras. La cifra de 3 córners frente a los 6 de Real Madrid subraya que el equipo local pisó menos el último tercio y generó menos situaciones de asedio sostenido.
Disciplina defensiva e intensidad
El partido fue relativamente limpio: 6 faltas de Benfica y 9 de Real Madrid, con solo 2 amarillas por lado, lo que indica más un control posicional que un choque basado en la agresividad o en cortar el juego con interrupciones constantes. Benfica defendió en bloque medio-bajo, priorizando cerrar el carril central, pero permitió demasiados remates en su área; aun así, A. Trubin solo necesitó realizar 3 paradas, síntoma de que muchos tiros merengues fueron bloqueados o desviados.
Real Madrid mostró una defensa sobria desde su 4-4-2, con buena protección interior de A. Tchouameni y E. Camavinga. Concedieron 10 tiros, pero apenas 3 a puerta, y T. Courtois respondió con 6 paradas, dato que sugiere que, cuando Benfica logró conectar, lo hizo con remates relativamente peligrosos que exigieron intervenciones de alto nivel. La línea defensiva blanca, además, evitó caer en un exceso de faltas cerca del área, manteniendo el control emocional pese a jugar fuera de casa.
En última instancia, la mayor posesión (58%), el volumen ofensivo (16 tiros, 7 a puerta) y la capacidad para instalarse en campo rival permitieron que la eficiencia y el control territorial de Real Madrid se impusieran a un Benfica más reactivo y limitado en área rival. La estructura y la paciencia visitantes marcaron la diferencia.





