El Alinma Stadium de Jeddah fue testigo de otro capítulo electrizante en la histórica rivalidad entre Barcelona y Real Madrid, donde los culés se alzaron con la victoria por 3 – 2 en la final de la Supercopa de España. En un partido lleno de emoción, con goles, tarjetas y un ambiente de tensión constante, Barcelona levantó el trofeo tras un duelo de ritmo alto y alternancias claras: 16 tiros del Barça frente a 12 del Madrid, en un escenario donde cada tramo del encuentro contó una historia distinta.
Análisis de la Primera Parte
Desde el pitido inicial, Barcelona mostró su intención de controlar el juego. Con un 68% de posesión, los hombres de Hansi Flick buscaron imponer su ritmo y empujar al Madrid hacia un bloque más reactivo. La primera gran recompensa llegó en el minuto 36, cuando Raphinha, con asistencia de Fermín López, abrió el marcador y confirmó el dominio territorial azulgrana.
Sin embargo, el tramo final del primer tiempo se convirtió en un intercambio frenético. En el 45+2’, Vinícius Júnior igualó tras una acción que nació en el área, asistido por Gonzalo García. La reacción del Barça fue inmediata: en el 45+4’, Robert Lewandowski devolvió la ventaja a Barcelona con un remate oportuno después del pase de Pedri. Cuando parecía que el descanso llegaría con el 2–1, Real Madrid golpeó de nuevo: en el 45+7’, Gonzalo García firmó el 2–2, cerrando una primera parte tan intensa como inestable, en la que el marcador cambió dos veces en cuestión de minutos.
Narrativa de la Segunda Parte
El segundo tiempo mantuvo la tensión, pero con un guion más táctico. Barcelona intentó recuperar el mando a través de la circulación y el control de espacios, mientras que Real Madrid apostó por transiciones más directas y por acelerar cada recuperación. Las sustituciones comenzaron a marcar el ritmo: Barcelona introdujo piernas frescas para sostener la presión y ganar presencia en el último tercio, y el Madrid buscó aumentar amenaza con variantes ofensivas, incluyendo la entrada de Kylian Mbappé.
La jugada decisiva llegó en el minuto 73: Raphinha apareció de nuevo para marcar el 3–2, esta vez asistido por Dani Olmo, encontrando el espacio justo para definir con precisión. A partir de ahí, el partido se convirtió en un ejercicio de resistencia y gestión. El Madrid empujó, acumuló llegadas y obligó al Barça a defender más cerca de su área, mientras Barcelona trató de enfriar el cierre con posesiones largas y control de tiempos. En el descuento, la tensión se tradujo en disciplina: Frenkie de Jong vio la tarjeta roja en el 90+1’, dejando a Barcelona con diez, aunque el marcador ya no se movió.
Análisis Estadístico Profundo
Los números refuerzan el contraste del encuentro. Barcelona terminó con 16 tiros, 7 a puerta, y una tasa de conversión del 18.75% (tres goles). Real Madrid, pese a tener menos posesión (32%), registró 12 tiros y 10 a puerta, una cifra que subraya la naturaleza peligrosa de sus ataques y su capacidad para generar remates claros cuando encontraba campo. El duelo también se reflejó en los córners (5 para Barcelona y 6 para Real Madrid), señal de que ambos tuvieron fases de dominio territorial, aunque en momentos distintos.
Actuaciones Individuales
Raphinha fue el nombre propio del partido: dos goles, presencia constante en el último tercio y la acción decisiva en el tramo clave. Lewandowski, antes de ser sustituido, dejó su sello con un gol importante en el momento más caótico del primer tiempo, mientras que Pedri y Fermín aportaron conexiones que sostuvieron el plan ofensivo.
En el lado del Real Madrid, Vinícius Júnior fue determinante para reactivar al equipo antes del descanso, y Gonzalo García resultó decisivo con participación directa en el empate (asistencia) y el 2–2. Pese al empuje final, la falta de un gol más terminó condenando a los blancos en un partido donde generaron volumen y remates, pero no el desenlace.
Significado del Partido y Conclusión
La victoria le otorga a Barcelona el título de la Supercopa y refuerza su narrativa competitiva en un duelo que volvió a demostrar por qué este clásico raramente decepciona. Para Real Madrid, el partido deja señales mixtas: capacidad de respuesta y amenaza real, pero también tramos en los que sufrió el control rival y pagó caro cada desajuste. La rivalidad continúa, y si este encuentro sirve de referencia, el próximo cruce volverá a ser un pulso de detalles, ritmo y sangre fría.



