El partido en el Estadio Jalisco se definió como un duelo de control territorial de Atlas frente a una resistencia más reactiva de Mazatlán. Los locales manejaron más tiempo la pelota, con un 56% de posesión frente al 44% visitante, apoyados en su estructura 5-4-1 para progresar con muchos hombres por fuera, pero sin desproteger la línea de cinco atrás. Mazatlán, desde su 5-3-2, aceptó ceder iniciativa y se enfocó en cerrar carriles interiores y salir esporádicamente. Aunque Atlas controló el balón, el marcador ajustado (1-0) refleja que Mazatlán logró, en buena medida, controlar los espacios cercanos a su área.
Eficiencia ofensiva
Atlas fue el equipo más insistente y estructuró un plan ofensivo basado en acumulación de llegadas más que en volumen desmedido de remates lejanos. Sus 15 tiros totales contra 11 de Mazatlán muestran una ligera superioridad, pero lo relevante es la calidad de esas llegadas: 9 disparos dentro del área para Atlas frente a 7 de Mazatlán, lo que indica que el 5-4-1 local logró pisar con frecuencia la zona de definición, especialmente con el apoyo de los carrileros y los interiores. Con 6 tiros a puerta, Atlas obligó a 5 atajadas del portero visitante, señal de que la producción ofensiva no fue estéril, aunque el resultado final sugiere cierta falta de colmillo para ampliar la ventaja.
Mazatlán, con 11 remates y 3 a puerta, mostró un plan más selectivo: menos tiros, pero intentando llegar en mejores condiciones tras recuperar y lanzar rápido a los dos puntas. Sus 3 tiros a puerta y 3 atajadas del guardameta de Atlas indican que, cuando lograron superar el primer bloque, generaron amenazas puntuales. La ligera desventaja en córners (4 para Atlas, 3 para Mazatlán) refuerza la idea de un partido donde los locales empujaron algo más, pero sin traducir su dominio territorial en un caudal abrumador de ocasiones claras.
Disciplina defensiva e intensidad
El dato de 18 faltas cometidas por Atlas frente a solo 6 de Mazatlán revela un enfoque mucho más agresivo de los rojinegros para cortar transiciones y proteger su ventaja. Con una línea de cinco atrás y un mediocampo muy trabajador, Atlas optó por un juego disruptivo cada vez que Mazatlán encontraba espacios para correr. Pese a esa intensidad, solo vieron una tarjeta amarilla, lo que habla de un control razonable del riesgo en las entradas.
Mazatlán, con apenas 6 faltas y también una amarilla, defendió más desde la organización posicional que desde la agresividad. La cifra de 5 atajadas de su portero muestra que la última línea, incluido el guardameta, fue clave para sostener el plan de bloque medio-bajo. Del otro lado, el portero de Atlas realizó 3 paradas, suficientes para proteger una ventaja mínima en un contexto donde cada llegada visitante tenía peso.
Conclusión
En última instancia, la combinación de mayor posesión (56%), volumen de remates más alto (15 tiros, 6 a puerta) e intensidad defensiva (18 faltas para frenar transiciones) permitió que la eficiencia relativa de Atlas se impusiera sobre el enfoque más reactivo y selectivo de Mazatlán.





