Aston Villa y PSG: Un nuevo desafío en la Supercopa
“Estábamos sufriendo de verdad. No creo que a este equipo lo hayan dominado así nunca”. Luis Enrique no exageraba. Aquella noche del 15 de abril de 2025, Paris Saint-Germain sobrevivió a un asedio furioso de Aston Villa y se abrió paso hacia las semifinales de la Champions League tras un global de nueve goles que dejó cicatrices y certezas a partes iguales.
Han pasado 484 días. Vuelven a cruzarse. Y casi nada es igual.
El recuerdo de una batalla que rozó la épica
La eliminatoria anterior arrancó con un golpe inesperado: Morgan Rogers silenciando París con un gol que parecía anunciar otra de esas historias románticas de la Champions. Duró poco. Désiré Doué apagó la ilusión casi de inmediato, Kvicha Kvaratskhelia dio la vuelta al marcador y Nuno Mendes, ya en el tramo final, clavó el 3-1 que dejaba a Villa al borde del abismo antes de la vuelta en Birmingham.
“Una montaña”, decían. Villa casi la escaló entera.
En Villa Park, los primeros minutos parecían un trámite cruel. Achraf Hakimi y Mendes volvieron a golpear pronto. 0-2. Global 1-5. La vuelta de los villanos a la élite europea amenazaba con cerrarse sin ruido, engullida por el talento obsceno de un PSG que jugaba con la seguridad de quien se sabe superior.
Y entonces, el partido estalló.
Un disparo desviado de Youri Tielemans encendió la chispa. John McGinn se fabricó un gol de pura determinación, una carrera y un remate que desataron la locura en las gradas. Ezri Konsa, tras una acción brillante de Marcus Rashford, empujó el balón que convirtió la esperanza en fe. Tres goles en 23 minutos. Dos de ellos en apenas un suspiro.
PSG tambaleaba. Luis Enrique lo reconoció después: “Estábamos jugando a un nivel que no era digno de la Champions League. Villa tuvo ocasiones para empatar. A 2-0 casi teníamos a Villa en la lona. Quizá fue demasiado fácil, un poco de exceso de confianza, y eso les dio una oportunidad”.
Esas ocasiones que menciona aún duelen en Birmingham. Cada una se estrelló contra Gianluigi Donnarumma, monumental, elegido Jugador del Partido por Sky Sports. Villa ganó 3-2 aquella noche, pero perdió la guerra: 5-4 en el global. Se fue con la cabeza alta, sí, pero con la sensación de haber rozado algo más grande.
Un PSG campeón, maduro y sin fisuras
Para PSG, aquel susto fue un aviso. No una herida. Desde ese filo de eliminación, el equipo de Luis Enrique se endureció. Arrasó a Arsenal en semifinales, desarmó a Inter Milan en la final y levantó por fin la ansiada Champions League.
Ese título impulsó el año de Ousmane Dembélé rumbo al Balón de Oro, coronando una temporada en la que el club parisino encadenó trofeos a un ritmo casi rutinario: dos ligas más, la Copa de Francia, una Supercopa, dos Supercopas francesas y otra Champions añadida el curso pasado.
Lo más intimidante no es solo el palmarés, sino la continuidad. El bloque se ha mantenido. Dembélé, Kvaratskhelia y Doué forman un tridente que mezcla desequilibrio, gol y juventud sin miedo. Por detrás, un centro del campo que rezuma control y talento: Fabián Ruiz, Vitinha y Joao Neves sostienen y lanzan, dan pausa o aceleran según lo pida el guion.
La defensa, con Hakimi, Marquinhos, Willian Pacho y Mendes, protege a un Matvey Safonov que ha asumido la portería con autoridad. Desde el banquillo, más pólvora y soluciones: Bradley Barcola, Ilya Zabarnyi, Ibrahim Mbaye, Maghnes Akliouche y un viejo conocido en Birmingham, Lucas Digne, ahora de vuelta en París y listo para enfrentarse a su exequipo días después de su regreso.
Es un rival formado, estable, con jerarquía y profundidad. Un equipo que ya no solo promete, sino que domina.
Villa, entre las despedidas y un nuevo horizonte
Al otro lado, Aston Villa llega a esta Supercopa en Salzburgo tras un verano de cambios profundos, justo después de romper una espera de 30 años sin títulos con su conquista en Estambul. El contexto es distinto, pero la ambición de Unai Emery no se ha reducido un milímetro.
La factura del éxito ha sido alta. Morgan Rogers se ha marchado a Chelsea por 117 millones de libras, un traspaso récord para el club. Youri Tielemans ha puesto rumbo a Manchester United por 35 millones. Dos pilares, dos referencias en la sala de máquinas y en el último tercio del campo. Dos ausencias que se notarán, por peso futbolístico y por jerarquía.
Emery, sin embargo, no ha esperado a lamentarse. La llegada de Joao Gomes, el fichaje de Johan Manzambi y la posibilidad de reactivar la carrera de Alejandro Garnacho abren una puerta diferente, más vertical, más agresiva. Una Villa con otros matices, pero con la misma intención de competir con cualquiera.
De los 16 futbolistas que participaron en aquel último duelo ante PSG, cinco ya no están. Amadou Onana, titular entonces, tampoco podrá estar ahora por una lesión de ligamento cruzado. La reconstrucción está en marcha y aún no ha terminado: el lateral izquierdo Matteo Ruggeri y el mediocentro Joao Palhinha figuran como objetivos claros para completar el dibujo.
Hay, eso sí, buenas noticias médicas. Ollie Watkins, Ezri Konsa y Emiliano Martínez se reincorporan al grupo tras sus vacaciones posteriores al Mundial, un refuerzo de élite en las tres líneas. John McGinn, capitán y alma competitiva del equipo, también ha vuelto a los entrenamientos después del susto sufrido en la gira asiática ante Pathum United.
Emery lo sabe: el margen de error es mínimo, pero el techo de este grupo, incluso sin Rogers ni Tielemans, sigue siendo alto.
Mismo cartel, desafío distinto
El escenario ahora es otro. PSG llega como campeón de Europa, con un bloque que se conoce de memoria y que se ha acostumbrado a jugar finales. Villa aterriza en Salzburgo como un equipo en transición, obligado a integrar caras nuevas, reemplazar piezas clave y, al mismo tiempo, rendir en el máximo escaparate continental.
En el fondo, el objetivo del club inglés va más allá del trofeo de una noche. Villa quiere que lo ocurrido en Estambul ante Freiburg no sea una excepción romántica, sino el prólogo de una era. Quiere convertir esas noches europeas en costumbre, no en recuerdo nostálgico.
La Supercopa ofrece un título, sí, pero también un espejo. Para PSG, una oportunidad más de reafirmar su hegemonía reciente. Para Villa, una prueba de nivel sin anestesia ante uno de los equipos más completos del planeta.
“Creo que el club está en una nueva era, con esta posibilidad de pelear por trofeos”, dijo Emery a UEFA antes del choque. La frase no suena a consigna vacía. Suena a reto.
En Salzburgo, frente al campeón, Aston Villa descubrirá si esa nueva era está lista para medirse, de nuevo, a la cumbre del fútbol europeo. O si aquel 5-4 sigue siendo, por ahora, el listón más alto de su resurrección.




