Ancelotti atribuye la derrota de Brasil al parón de hidratación
Carlo Ancelotti no buscó excusas vagas ni se escondió detrás de tópicos. El seleccionador de Brasil, eliminado en octavos de final del Mundial 2026 tras caer 2-1 ante Noruega, puso nombre y apellido al momento en que, a su juicio, se les escapó el torneo: el parón de hidratación en la segunda parte.
Hasta ahí, asegura, Brasil mandaba.
“El equipo tenía el control del flujo del partido hasta ese momento”, reflexionó el técnico italiano en declaraciones a la cadena ESPN.
Noruega tenía mucho balón, sí, pero en zonas inofensivas, muy atrás. Un guion similar al que los nórdicos habían firmado frente a Inglaterra: posesión, paciencia, y un golpe letal cuando el rival se despistaba.
Esta vez, el despiste lo asume Ancelotti como propio.
Un año de trabajo… y un instante que lo cambia todo
El italiano defendió con firmeza el proyecto que había construido en su primer año al frente de la ‘Canarinha’. Organización impecable fuera del campo, un grupo bien elegido y una idea de juego que, según él, había cuajado.
“En general, creo que el trabajo hecho durante un año fue excelente. Logísticamente, la selección brasileña estuvo muy bien organizada en hotel, estadio y centro de entrenamiento. El rendimiento de los jugadores a lo largo del año fue positivo. Y los 26 convocados eran los más adecuados para estar allí”, repasó.
El plan, sin embargo, se fue llenando de remiendos. Lesiones por todos lados entre marzo y el inicio del Mundial: Militão, Rodrygo, Estêvão, Wesley antes del torneo, y ya en plena competición, Raphinha. El dibujo inicial se deformó a la fuerza.
“Así que el plan cambió un poco”, admitió. No fue la coartada, pero sí el contexto.
Y entonces llegó Noruega. Llegó el calor. Llegó el parón de hidratación.
El giro en el partido y el golpe de Haaland
Para Ancelotti, todo se tuerce en ese descanso breve, casi invisible para el espectador, pero enorme para el banquillo. Convencido de que su equipo había perdido el control real del juego, el técnico decidió tocar la alineación.
“Quizás mi error estuvo ahí, cuando pensé que el equipo había perdido el control del partido y no era así”, reconoció. De esos cambios, de esa lectura equivocada, se encadenó el siguiente drama: el gol de Erling Haaland.
“Luego tuvimos el problema del gol de Haaland. Y en un Mundial, cuando te marcan en el minuto treinta de la segunda parte, es muy difícil remontar. Aunque tuvimos la oportunidad de hacerlo”, recordó.
El reloj ya jugaba en contra, el peso de la historia también. Brasil, que no levanta la Copa del Mundo desde 2002, volvía a quedarse corto. Otra vez lejos de la gloria que su camiseta exige.
Neymar, el cambio más discutido
Si el parón de hidratación fue el punto de inflexión táctico, la entrada de Neymar desató el debate emocional. El delantero, reservado para momentos decisivos, saltó al campo en el tramo final y buena parte de la crítica señaló su ingreso como el movimiento que “rompió el equilibrio” del equipo.
Ancelotti no comparte esa lectura. Ni un milímetro.
“No, cuando Neymar entró en ese momento, quité a Ryan y puse a Endrick como extremo derecho, pensando que Neymar era capaz de crear un gol o mostrar su talento en ese instante, en el minuto 70. Eso es lo que pretendía hacer contra Japón”, explicó.
El plan original para el astro era otro. Frente a Japón, con Brasil dominando por completo y el rival viviendo del contraataque, el técnico optó por Gabriel Martinelli. Neymar quedaba reservado para una hipotética prórroga.
“El objetivo no era marcar un gol, pensaba en poner a Neymar en la prórroga contra Japón”, detalló.
Contra Noruega, en cambio, Ancelotti adelantó el movimiento. “Puse a Neymar un poco antes para recuperar el control del partido”, confesó. Una apuesta arriesgada en un contexto de máxima tensión, en el que cada decisión se convierte en munición para la crítica.
El propio italiano recordó que no está solo en esa trinchera: citó a Thomas Tuchel y las críticas que también ha recibido en situaciones similares. “Tienes que tomar una decisión muy difícil. Es un momento lleno de tensión, y no siempre aciertas”, asumió.
Defensa cerrada a Neymar y una autocrítica quirúrgica
Pese al ruido, Ancelotti se mantuvo firme en su respaldo al ’10’. Ni un reproche al jugador, todo lo contrario.
“Creo que Neymar debía entrar, tenía que entrar en ese momento porque estaba rindiendo bien, entrenó bien y se preparó bien. Me gustó su espíritu deportivo. Creo que ayudó al equipo”, sentenció.
Su matiz final fue casi una lección táctica hacia sí mismo: el problema no fue el nombre propio, sino el encaje colectivo.
“Con su entrada, no hacía falta cambiar la estructura del equipo”, remató.
Ahí, en esa frase, se condensa la mezcla de orgullo y arrepentimiento de un entrenador que ha ganado casi todo… pero que con Brasil vuelve a mirar al Mundial desde fuera. Y mientras el país del ‘jogo bonito’ suma otra edición sin título desde 2002, la pregunta ya flota en el ambiente: ¿cuántos parones más, cuántos pequeños detalles, pueden seguir alejando a la Seleção de su sexta estrella?




