El 0-0 en el Estadio Cuauhtemoc esconde un duelo muy claro de guion: Toluca monopolizó la pelota y el territorio, mientras Puebla se replegó al límite. La posesión 70%-30% a favor de Toluca, respaldada por 559 pases con un 89% de precisión, muestra un dominio constante del balón y circulación paciente en campo rival. Puebla, con solo 238 pases y 75% de acierto, renunció prácticamente a elaborar, apostando por un bloque bajo en su 4-1-4-1 y ataques esporádicos. Tras la expulsión de Nicolás Díaz al 63’, el plan local se convirtió abiertamente en resistir y cerrar espacios interiores.
Eficiencia ofensiva
Los números describen una “dominación estéril” de Toluca. Generó 27 tiros totales contra solo 4 de Puebla, con 5 disparos a puerta frente a 1 del local. Además, acumuló 12 tiros de esquina, evidencia de asedio constante y juego instalado cerca del área de D. Gutiérrez. Sin embargo, el reparto entre 11 tiros dentro del área y 16 desde fuera sugiere que, aunque encontraron zonas de remate, muchas finalizaciones fueron forzadas o desde media distancia, reflejando dificultades para romper el bloque bajo poblano con claridad. Puebla, por su parte, apenas tuvo 1 remate dentro del área y ningún tiro de esquina, confirmando un plan ofensivo mínimo, basado más en aguantar que en contragolpear con continuidad. La falta de colmillo de Toluca en la zona de finalización, pese al volumen de tiros y centros, explica que el marcador no se moviera pese a su abrumadora superioridad territorial.
Disciplina defensiva e intensidad
El partido fue intenso pero no descontrolado: 12 faltas de Puebla y 10 de Toluca, con 1 amarilla y 1 roja para los locales frente a 3 amarillas para la visita. La expulsión de Nicolás Díaz al 63’ refuerza la idea de un Puebla forzado a ir al límite en cada duelo para sostener su estructura defensiva. El dato clave está en las porterías: D. Gutiérrez realizó 6 atajadas, contra solo 1 de L. García. Esto indica que, aunque Toluca no fue especialmente preciso, sí obligó repetidamente al portero local a intervenir, mientras que la zaga visitante vivió un partido relativamente cómodo. Los 11 tiros bloqueados por Toluca también hablan de una presión alta y una defensa que cortó cualquier intento de salida limpia o remate claro de Puebla.
Conclusión
En síntesis, Toluca controló el balón, el ritmo y el territorio, pero su falta de eficacia en 27 remates convirtió su dominio en posesión estéril. Puebla, con un plan ultra reactivo, pocas llegadas y un hombre menos, sobrevivió gracias a su bloque bajo y a las 6 intervenciones de su portero. La eficiencia, esta vez, no acompañó al dominador.





