El 2-2 en el Estadio BBVA se explica como un duelo entre control de balón y capacidad de resistir y castigar errores. Monterrey, con un 58% de posesión y 494 pases completando el 87%, llevó el peso territorial y buscó mandar desde su 4-2-3-1, acumulando mucha gente por dentro (16 tiros desde dentro del área). Club Tijuana, con un 42% de posesión y 360 pases al 82%, aceptó un rol más reactivo: cedió iniciativa, se protegió en campo propio y apostó a atacar los momentos, más que la circulación continua. El marcador refleja que ninguno logró imponer del todo su plan.
Eficiencia ofensiva
Monterrey fue el equipo más insistente, pero no lo suficientemente clínico. Sumó 21 tiros totales frente a los 16 de Club Tijuana, con 8 remates a puerta contra 5. Esa diferencia, sin embargo, solo se tradujo en un gol propio en jugada y otro favorecido por la dinámica del partido, evidenciando cierta falta de colmillo en los metros finales pese al volumen generado. Los 16 tiros desde dentro del área muestran que sí logró atacar la zona de definición, pero el 38% de remates a puerta (8 de 21) indica que muchas finalizaciones no encontraron portería.
Club Tijuana, por su parte, repartió mejor sus zonas de disparo: 7 tiros dentro del área y 9 desde fuera, reflejo de un plan donde los mediapuntas como K. Castaneda y los volantes probaron desde media distancia cuando no podían progresar. Con 16 tiros y solo 5 a puerta, su producción fue algo más selectiva pero igualmente irregular. El hecho de igualar en el marcador pese a tirar menos y tener menos posesión apunta a una mayor capacidad para capitalizar momentos clave y errores rivales, más que a un dominio sostenido.
Disciplina defensiva e intensidad
El partido fue intenso pero no desbocado: 13 faltas de Monterrey y 14 de Club Tijuana, con 2 y 4 amarillas respectivamente. La acumulación de tarjetas en los visitantes, especialmente tres amarillas entre el minuto 30 y 36, sugiere una fase donde recurrieron a faltas tácticas para cortar el ritmo y frenar la circulación interior de Monterrey. Defensivamente, los locales concedieron poco espacio claro: solo 2 tiros bloqueados, señal de que muchas acciones de Tijuana terminaron antes por pérdida o tiro desviado.
En portería, el reparto de intervenciones habla de un intercambio equilibrado de ocasiones claras: 6 atajadas del guardameta de Club Tijuana frente a 4 de L. Cardenas. Monterrey obligó más al portero rival, coherente con sus 8 tiros a puerta, mientras que Club Tijuana, con menos remates claros, dependió más de la eficacia puntual que de un asedio constante.
Conclusión
En síntesis, Monterrey impuso la posesión (58%) y el volumen ofensivo (21 tiros), pero su falta de precisión permitió que la propuesta más reactiva de Club Tijuana, con menos balón y 16 remates, encontrara recompensa. La igualdad final refleja cómo la eficiencia en momentos concretos equilibró la superioridad territorial local.





