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Alemania: Ganadores, Perdedores y el Dilema de Nagelsmann

La concentración de Alemania dejó un rastro claro: hubo ganadores, hubo perdedores y, en medio, un seleccionador que camina sobre una fina línea entre convicción y conflicto.

Wirtz se adueña del escenario

En el frente ofensivo, la sociedad Kai Havertz–Florian Wirtz fue el foco de todo. El regreso de Havertz al once y la libertad creativa de Wirtz dieron forma a los mejores minutos de Alemania en mucho tiempo. Toques rápidos, paredes, desmarques cortos. Fútbol fluido.

Pero el que rompió el molde fue Wirtz. En Suiza firmó, probablemente, su mejor actuación con la camiseta de la selección. Participó directamente en los cuatro goles y marcó dos, con una técnica de golpeo que recordó por qué muchos lo ven como el próximo líder de esta generación. Nominalmente partió desde la izquierda, mientras Serge Gnabry ocupaba el rol de mediapunta. El movimiento constante de Gnabry, sus carreras cortas hacia el área, abrían pasillos que Wirtz aprovechaba para recibir, girar y dañar. El segundo gol ante Suiza fue el ejemplo perfecto de ese plan. Ante Ghana, sin embargo, Gnabry se apagó.

Havertz, entre la confianza y la duda

El caso de Havertz vuelve al mismo punto de siempre: la falta de frialdad ante la portería. El delantero de 26 años dispuso de varias ocasiones claras y solo vio puerta desde el punto de penalti. Incluso en la Eurocopa, siendo titular indiscutible, sus dos tantos llegaron también de penal.

Aun así, Nagelsmann no se mueve un milímetro: Havertz es fijo. La incógnita es el rol. Si Jamal Musiala, lastrado últimamente por problemas físicos, llega en forma, tiene muchas opciones de actuar como referencia única o partir desde la derecha, como ante Ghana. Entonces el duelo se traslada al costado y al segundo punta: Gnabry contra Nick Woltemade.

Woltemade, pese a su bajón reciente en el Newcastle United, sigue siendo el elegido de Nagelsmann si se apuesta por un ‘9’ clásico. Titular ante Ghana, dejó buenos detalles como hombre objetivo, descargando balones y fijando centrales, aunque no marcó. Su valor reside en que ofrece un perfil distinto al resto. Deniz Undav, en cambio, queda encasillado en el papel de revulsivo.

Undav, el goleador incómodo

El delantero del Stuttgart sale del parón con una etiqueta extraña: ganador y perdedor a la vez. Cumplió la misión del seleccionador, apareció como “finisher” y dio la victoria con su gol ante Ghana, en casa, ante su gente. Los números le respaldan: 16 de sus 23 goles con el VfB llegaron en segundas partes. El argumento de Nagelsmann para usarlo como suplente de impacto tiene base.

Pero Undav no se mordió la lengua. Ante los micrófonos de ARD, tras el partido, dejó clara su ambición de jugar más. El comentario no cayó bien. Nagelsmann ya había avisado que solo quería jugadores dispuestos a aceptar su rol sin quejas. Undav dijo “aceptar” la situación, pero la reacción posterior del seleccionador fue tensa, casi cortante. En rueda de prensa, Nagelsmann lanzó una frase que sonó a advertencia: Undav “se está metiendo presión con sus declaraciones” y que, desde ese punto de vista, le parecía bien “mientras no empiece a marcar menos goles. Si él está contento con eso, adelante”.

La realidad es que, hasta el gol, Undav apenas había aparecido. Solo 13 toques de balón, algo que Nagelsmann subrayó sin rodeos: no le había gustado su partido hasta el tanto decisivo. Al mismo tiempo, le reconoció la esencia del delantero puro: estar donde cae el balón.

El técnico fue más allá, cuestionando si Undav habría definido igual “si hubiera estado corriendo 70 minutos antes” y remarcó, otra vez, su destino: “En verano necesitaremos suplentes capaces de decidir partidos. Ese es su trabajo, su rol”. La polémica, sin embargo, difícilmente se apague pronto. “Deniz Undav lleva siete días siendo tema de conversación”, admitió el propio seleccionador. Y eso pesa.

Sané, del desconcierto a la respuesta

Algo similar, aunque en otro plano, ocurre con Leroy Sané. Su convocatoria generó desconcierto entre analistas y aficionados. No ayudaron las palabras de Nagelsmann el verano pasado, cuando exigió que el extremo, tras su marcha a Galatasaray Istanbul, produjera más que en la Bundesliga. La realidad reciente: semanas sin ser titular fijo en el líder turco.

Con ese contexto, su aparición de inicio ante Suiza se miraba con lupa. Y Sané decepcionó. Prácticamente invisible, apenas ganó un uno contra uno mientras el juego explotaba a su alrededor. Aun así, Nagelsmann no quiso “cortarle” de inmediato. Argumentó que el equipo necesita regateadores, y no precisamente le sobran, sobre todo en ataque. Citó a Lennart Karl y Jamie Leweling como competencia directa. “Leroy sabe lo que se le pide, y tiene que demostrarlo”.

Y lo hizo. Ante Ghana, saliendo desde el banquillo, leyó perfecto la jugada del 2-1 y asistió con inteligencia a Undav. El seleccionador reconoció una mejora clara. Y mientras tanto, Karl aprovechó cada minuto. En ambos partidos, su desborde resultó llamativo, hasta el punto de que Nagelsmann le regaló el elogio más alto posible para un joven: de todos los talentos llamados en este ciclo, es el que “mejor impresión” ha dejado. Undav incluso se atrevió a compararlo con Ribéry, destacando su picardía a tan corta edad. Todo apunta a que lo suyo no fue una simple invitación de cortesía: puede ir haciendo la maleta del Mundial.

Leweling, pese a perderse los dos partidos, sigue teniendo un pie y medio en la lista. Su polivalencia en ambas bandas y su capacidad para agitar partidos desde el banquillo juegan a su favor. Mucho peor le fue a Chris Führich, que no aprovechó sus minutos ante Ghana. Kevin Schade, directamente, ni los tuvo.

Schade, Adeyemi, Beier: carrera a ciegas

Schade fue convocado para “oler” el ambiente y empezar a integrarse. Mientras tanto, Karim Adeyemi y Maximilian Beier se quedaron fuera, incluso tras la baja de Leweling. Nagelsmann fue transparente con los tres: como mucho, uno o dos de estos atacantes de contragolpe estarán en el Mundial. La ventaja actual de Schade es simple: puede mostrarse ahora. Pero otros ya tuvieron esa ventaja antes que él.

El problema es que su escaparate se limitó al entrenamiento. Nada de minutos oficiales. La lectura es inevitable. Adeyemi y Beier no habrán lamentado demasiado esa ausencia de pruebas, sobre todo el segundo, en plena forma con el BVB y ya consolidado como revulsivo letal. Por intensidad y trabajo, Beier encaja mejor que nadie en la presión agresiva que pide Nagelsmann, con y sin balón. Adeyemi, en cambio, es el que peor lo tiene: perdió la titularidad con Niko Kovac a comienzos de año y tampoco ha logrado cambiar partidos saliendo desde el banquillo.

Brown aprieta a Raum

En el lateral izquierdo apareció una de las sorpresas más agradables: Nathaniel Brown. Titular ante Ghana, interpretó el puesto de forma mucho más interior que David Raum, casi como un mediocentro/mediapunta, rol que ya había desempeñado en Eintracht Frankfurt desde la llegada de Albert Riera.

Brown dio equilibrio. Cubrió las espaldas de los atacantes, cerró su banda con autoridad y, pese a enfrentarse a la tarea más complicada del partido –contener a Antoine Semenyo, fichaje invernal del Manchester City–, no se descompuso. Ganó duelos clave en las pocas contras del rival.

¿Debe preocuparse Raum por su puesto? En ataque, el jugador del Leipzig ha sido un arma esta temporada, pero defensivamente sigue dejando dudas. El 1-2 ante Suiza lo retrató: dejó centrar con demasiada facilidad a Silvan Widmer en la acción del gol de Breel Embolo. Eso sí, también salvó un tanto casi hecho ante Johan Manzambi, que habría supuesto el 3-2.

Por ahora, Raum mantiene la titularidad. Si Brown sostiene este nivel, el debate puede estallar durante el torneo. No deja de ser irónico: en la Eurocopa en casa fue el propio Raum quien se ganó el puesto como “Plan B”, desplazando a Maximilian Mittelstädt. Para el jugador del Stuttgart, tras su descarte, la puerta parece ya cerrada.

El embudo en el medio

En el centro del campo, el margen es mínimo. Angelo Stiller solo tiene opciones reales si Aleksandar Pavlovic o, sobre todo, Felix Nmecha no llegan a tiempo físicamente. Pavlovic ya ha vuelto a los entrenamientos. En el caso de Nmecha, la carrera contra el reloj es más ajustada.

Stiller, incorporado a última hora, fue titular en los dos amistosos. Cumplidor, correcto, sin estridencias. Confirmó, en realidad, la sensación de Nagelsmann: Pavlovic está por delante. La ausencia de Nmecha se antoja su única vía de entrada.

Pascal Groß, en cambio, ocupa un estatus especial. Es el conector del equipo y una especie de “mano derecha” del seleccionador dentro del vestuario, aunque su partido ante Ghana no fue brillante. Esa jerarquía explica que Anton Stach no tuviera otra oportunidad. El mediocentro del Leeds United había dejado detalles interesantes ante Suiza, incluido el pase del gol de la victoria en el 4-3. Podría aportar coberturas en transición y hacer el trabajo sucio para liberar a Joshua Kimmich, pero Nagelsmann mira en otra dirección.

Ahí entra Leon Goretzka. Sin deslumbrar, encaja con exactitud en el perfil buscado para acompañar a Pavlovic o Nmecha: un rompedor de líneas desde la segunda fila. Como adelantó a kicker antes del partido, Nagelsmann lo quiere fijando rivales en la última línea, moviéndose como un “radical libre” y ofreciendo siempre una opción de pase. Lo demostró en la jugada que inició el 2-1 ante Ghana, habilitando a Sané en la acción previa al gol de Undav.

Con Kimmich basculando entre el lateral derecho y el centro, la ausencia de Goretzka en la base del juego pasa desapercibida en partidos de dominio. El capitán intervino con frecuencia, similar a su rol en el Bayern, y explotó su calidad con balón. Defensivamente cumplió, aunque dejó demasiado espacio a su espalda en la acción del primer gol de Suiza. Pero Nagelsmann, de momento, no tiene una alternativa real para el lateral derecho. Josha Vagnoman, en su regreso tras tres años fuera de la selección, lo confirmó con su floja defensa en el tanto del empate de Ghana. No sería extraño ver de vuelta a Benjamin Henrichs o Ridle Baku en próximas listas.

Schlotterbeck–Tah, pareja blindada

En el eje de la zaga, la decisión está tomada. Pase lo que pase, Nico Schlotterbeck y Jonathan Tah llegarán al Mundial como pareja titular. Ni siquiera los dos errores graves de Schlotterbeck ante Suiza han movido la aguja. Su rol en la salida de balón es demasiado importante: se le exige arriesgar, filtrar pases que rompan líneas y abran el campo.

Nagelsmann ya le había garantizado públicamente el puesto en kicker y lo ha respaldado incluso tras sus fallos. La razón principal salta a la vista: es el único central zurdo del grupo. En un sistema tan orientado al balón, con las exigencias posicionales del seleccionador, esa pieza es casi irremplazable. Alemania solo puede cruzar los dedos y confiar en que lo de Suiza fuera un tropiezo aislado.

En cuanto a calidad individual, Schlotterbeck domina la defensa de espacios y el uno contra uno. Tah se beneficia de ello, porque sufre más en transiciones rápidas. Ante Suiza, de hecho, fue demasiado pasivo en dos de los goles encajados.

Aun así, Tah mantiene una ventaja amplia sobre Antonio Rüdiger. El central del Bayern tampoco estuvo impecable ante Ghana y necesitó un corte providencial de Schlotterbeck para evitar el 1-1 antes de tiempo. Rüdiger apunta a primer recambio… siempre que no se vea envuelto en nuevas controversias en el Real Madrid.

Waldemar Anton también tiene prácticamente asegurado su billete al Mundial, pese a no haber disputado un solo minuto. Como Groß, es una figura respetada en el grupo, el especialista en cerrar partidos con ventaja mínima. Es, además, el premio lógico a su sólida temporada en el BVB. Nagelsmann lo dejó caer tras el último encuentro: “Con Waldi sabemos exactamente lo que obtenemos. Siempre va a tope en los entrenamientos. Muchas veces ha merecido jugar, pero no se le nota en la actitud”.

Malick Thiaw completa el cuadro de centrales que no han jugado, junto a Anton, Schade y el portero Finn Dahmen. Su candidatura, por ahora, queda en el aire.

Nagelsmann, entre el acierto táctico y el ruido

Por encima de todos, la figura de Julian Nagelsmann domina el relato. Su forma de comunicar vuelve una y otra vez al centro del debate. El manejo del caso Undav ha sido, como mínimo, torpe. Sus mensajes contradictorios –desde la entrevista en kicker hasta el giro reciente con Sané– alimentan la sensación de inestabilidad alrededor de la selección.

Al mismo tiempo, varias de sus decisiones tácticas le han dado la razón. La incorporación de Alfred Schreuder al cuerpo técnico y la libertad extra concedida al especialista en balón parado Mads Buttgereit ya tienen reflejo en el marcador: dos jugadas de estrategia ensayadas acabaron en gol ante Suiza, con Tah y Wirtz como ejecutores.

Queda la duda de si Nagelsmann se ayuda a sí mismo con explicaciones tan extensas, tan llenas de matices que a menudo se vuelven contra él. El caso Undav, por sí solo, amenaza con acompañar al equipo hasta el inicio del Mundial. Si el plan deportivo funciona, nadie repasará cada frase del seleccionador. Si Alemania tropieza, cada palabra pronunciada en estas semanas volverá a escena. Y entonces, el margen de error será mínimo.

Alemania: Ganadores, Perdedores y el Dilema de Nagelsmann